María Santísima de las Penas

... y al contemplar la divina imagen de Nuestra Madre y Señora de las Penas dijo: "Cada vez que la veo me pongo mucho mejor".
JUAN CASSIELLES
Martes Santo 1981

Análisis Artístico.- La Virgen de las Penas es obra de otro imaginero carmonense, en este caso del genial artista Antonio Eslava Rubio. La realizó en 1964 y vino a sustituir a la primitiva imagen fundacional que aún se conserva en las dependencias de la hermandad.

La Dolorosa de la hermandad de las Penas es una imagen de candelero y de vestir realizada en madera policromada. Mide 1,64 metros.

La Virgen de las Penas se sitúa en la fase más personal del imaginero carmonense. Su probada destreza en la ejecución de Vírgenes Dolorosas se manifiesta en una serie de grafismos que las hace perfectamente identificables: miradas anhelantes, tiernas expresiones femeninas deshechas por el sufrimiento, poses implorantes y, en particular, la delicadeza de sus facciones. Sus esculturas también incorporan un fuerte componente retratístico que adopta como inequívoca fuente de inspiración la extraordinaria belleza de la propia madre del artista, Dª Antonia Rubio a la que interpretó en diferentes edades y situaciones emotivas.

En el caso que nos ocupa, Eslava efigia el rostro materno en edad juvenil. La mascarilla hace gala de un excelente modelado. La delgada nariz presenta las aletas dilatadas simulando la inspiración que acompaña al sollozo de los labios y la contracción de las arcadas ciliares. Los labios carnosos y sensuales, permanecen entreabiertos dejando vislumbrar la dentadura y la lengua. El rostro, ovalado y ligeramente inclinado hacia la derecha, revela una traza enérgica marcada por el pronunciamiento de la barbilla y dulcificada por la presencia del hoyuelo.(1)

Jesús Abades y Sergio Cabaco puntualizan que la Virgen se presenta con rasgos de cierta madurez. Su semblante manifiesta una aflicción a través del fruncido entrecejo, la elevación de las cejas y los crispados músculos del cuello.

Cuenta, como elementos postizos, propios del naturalismo barroco, ojos de pasta vítrea, pestañas postizas en los párpados superiores y seis lágrimas de cristal que surcan su rostro, tres por cada mejilla. El perfil es clásico y las espléndidas manos, de dedos torneados y uñas rectangulares, se hallan entreabiertas, portando un rosario la izquierda y un manípulo la derecha. Las carnaciones son cálidas y suaves.

Según un interesante artículo publicado en la prensa por Rafael Rodríguez Puente, la escultura, a diferencia de otras obras del imaginero, muestra su mirada al frente y no alzada al cielo siguiendo la clásica interpretación salzillezca. Ello quizás se debió al interés tanto del Padre Gámez como de Casielles, principales valedores de la talla, como luego veremos, en que fuera así para poder procesionar bajo palio. Por su parte, Sánchez López revela que este hecho no termina de encajar con el dramático fruncido del entrecejo y el corte de los párpados que parecen demandar unas pupilas elevadas, lo cual hace pensar en una hipotética “corrección” de las mismas a posteriori.

De similares trazas a la Virgen de las Penas, aunque de inferior calidad, se observa la Dolorosa de las Lágrimas de la hermandad de la Vera-Cruz de Jerez de la Frontera que fue realizada tan sólo dos años después, aunque se trate de una interpretación más juvenil de la Madre que la dolorosa malagueña. Si bien en ambas se observa una cuasi idéntica interpretación de la frente, surcadas por un fruncido entrecejo, expresión del intenso dolor virginal.

El llanto de la Virgen provoca el esbozo de una leve inspiración que deja entrever la dentadura y la lengua. Por último, la cabellera se resuelve con un recogido, culminado en un roete.

Eslava Rubio se caracterizó por ser uno de los imagineros más exquisitos a la hora de modelar las manos de las Dolorosas. Sin embargo, su producción no fue muy numerosa, ya que su particular forma de ser, con un carácter bohemio y huraño y su decisión de no contar con ayudantes asalariados, le impidió una mayor productividad. Conocida es la curiosidad de que Antonio Eslava hasta tenía un pato en el taller, como así han contado muchos de los que le conocieron.

En cualquier caso, las manos de la Virgen de las Penas son hermosísimas, policromadas a base de tonos marfileños, al igual que el rostro y el cuello, con puntuales variaciones, en forma de sonrosadas aplicaciones, en los párpados, pómulos y barbilla.

Apunta Rodríguez Puente que la pieza malagueña tiende a recordar los presupuestos estéticos de la obra del archidonense Juan de Astorga. Así lo demuestra la documentación gráfica consultada respecto de la primitiva Virgen de los Dolores de Isla Cristina y la propia observación de una Dolorosa que se sitúa en el altar de la cabecera de la nave del Evangelio de la parroquia de San Andrés de Sevilla, pieza de talla completa, atribuida por José González Isidoro al escultor Benito de Hita y Castillo (1714-1783), hacia 1760.

La Virgen de las Penas, podría encuadrarse igualmente entre la Virgen de los Dolores y Misericordia de la hermandad de Jesús Despojado de Sevilla, fechada en 1962, y la Dolorosa de las Penas y Lágrimas que forma parte del misterio del Traslado al Sepulcro de la hermandad jerezana de Santa Marta, fechada en 1969. (2)

La imagen fue restaurada acertadamente por el imaginero sevillano Francisco Berlanga de Ávila en 1989, quién recuperó sus primitivas encarnaciones y saneó su estructura interna.

Por último podemos hacer una breve referencia al origen de la advocación de las Penas en nuestra hermandad, siguiendo las consideraciones que publicara recientemente Alberto Jesús Palomo Cruz. En principio, no cabe atribuirse el nombre de la Virgen de la cofradía, que data de la década de los treinta del pasado siglo, a la influencia ejercida por la hermandad de las Penas de San Vicente de Sevilla, tesis que sostuviera el malogrado profesor Agustín Clavijo. Al parecer, no hay nada concreto que haga referencia a las inquietudes que llevaron a los hermanos fundadores a adoptar tal nombre, pero lo que sí es seguro es que no puede atribuirse a la razón expuesta, por cuanto la corporación sevillana apenas tenía relieve en aquellos difíciles tiempos, y el hermanamiento con la cofradía de Málaga no se produciría hasta 1972.

Afirma Palomo Cruz que el sobrenombre de Penas, como otros tantos aplicados a la Virgen, puede considerarse como una variante de Dolores. Son curiosas unas reflexiones que aporta este autor sobre la esclava egipcia con quien Abraham tuvo a Ismael y a cuyo estado anímico pudiera equipararse el de Nuestra Señora de las Penas: “Hay un paralelismo entre Agar que no resiste la pena de ver morir a su hijo de inanición, no teniendo valor de asistir a la escena desgarradora de su lenta agonía (…) y la heroica escena evangélica. La Madre asiste a la agonía de su Hijo único en condiciones trágicas y luctuosas (…) pero no se aleja de él como Agar, sino que está muy cerca, templada como el acero, fuerte como el diamante, para verle, mirarle, asistirle y recoger su último suspiro”.

Más allá de la predisposición popular a causa de la vinculación al manto de flores, la Virgen de las Penas, como bien afirma Palomo, está estrechamente vinculada al misterio de la Realeza de María, festividad que puede entroncarse en la predilección de sus hermanos y devotos más cercanos.

En efecto, en su patrimonio abunda la iconografía alusiva, que se contempla desde la gloria del techo de palio, a la encantadora miniatura de Nuestra Señora de los Reyes que figura en la entrecalle de la candelería. La Teología, a través de la exégesis católica, fundada en las Escrituras y en la Tradición, nos enseña que “la Virgen es Reina, por su asimilación con Cristo, por ser su madre”.(3)

(1)SÁNCHEZ LÓPEZ, J.A. “El trono procesional en Málaga: Arquitectura y Simbolismo”. Exposición de la Agrupación de Cofradías con motivo del LXXV Aniversario de su Fundación. 1996. P. 44.
(2)RODRÍGUEZ PUENTE, Rafael. “La Investigación: El escultor Antonio Eslava y la Virgen de las Penas”. Artículo publicado en el Diario Sur (03-04-2007)
(3)PALOMO CRUZ, Alberto Jesús. “Los Nombres de la Pasión: Origen y curiosidades en torno a las advocaciones de las imágenes de la Semana Santa de Málaga”. 2009. Pág. 28.

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