Traslado a la Iglesia de San Julián y hechura de las nuevas imágenes del Santísimo Cristo de la Agonía

En los primeros meses de 1966, el Obispado comunicó a la Cofradía la obligación de abandonar cuanto antes la iglesia de San José al haber vendido el inmueble a una empresa constructora. Pero dada la cercanía de la Semana Santa de ese año, se consiguió demorar el desalojo hasta finales del mes de abril. Mientras, varios directivos, facultados por la Junta de Gobierno, efectuaron una ronda de contactos para buscar un nuevo emplazamiento en el centro de la ciudad. En principio, mantuvieron conversaciones con las monjas Mercedarias y Carmelitas Descalzas, rectoras de las iglesias de la calle Cruz del Molinillo y de la calle Don Rodrigo, respectivamente. Sin embargo, llegaron a un acuerdo con las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, quienes estaban a cargo de la guardería infantil ubicada en las dependencias de San Julián desde 1940.

La Cofradía se mudaba a un templo que, en el siglo XIX y en el primer tercio del XX, había vivido una etapa de oro con una intensa actividad cultual manifestada por las asociaciones religiosas allí establecidas (Asociación del Glorioso Patriarca San José, Asociación de las Camareras del Santísimo Sacramento, Asociación de la Santísima Trinidad, Hermandad de la Oración Nacional a favor de la Unidad Católica, Cofradía de Nuestra Señora de Lourdes, Asociación de la Virgen del Carmen y Hermandad Sacramental). Incluso, la iglesia de San Julián se había convertido provisionalmente en parroquia al ser la de los Mártires cerrada por obras de rehabilitación en 1889 y por el asalto y destrucción en los sucesos del 11 y 12 de mayo de 1931. Ahora, a su llegada, se encontraba con la Asociación de la Virgen Milagrosa y con la Venerable Orden Tercera de Penitencia de San Francisco de Asís, instauradas en la iglesia en el año 1940 -la primera- y a finales de 1951 o principios de 1952 -la segunda-. Los venerados Titulares, el Santísimo Cristo de la Agonía (obra de Pedro Pérez Hidalgo esculpida en 1948) y la Santísima Virgen de las Penas, fueron colocados en uno de los altares de la nave derecha del templo. Más tarde, el Cristo pasaría al altar de enfrente. La secretaría y sala de reuniones se fijaron en la antigua sala capitular de la Hermandad de la Santa Caridad de Nuestro Jesucristo, que fue la encargada de mandar construir el conjunto arquitectónico (iglesia y edificio) en el siglo XVII(1).

En 1967, durante el recorrido penitencial, se origina un incendio en el paso de palio, siendo de mínima importancia, ya que ni la talla de la Virgen ni el propio paso sufrieron daño alguno aunque algunos enseres, incluida la corona, fueron extraviadas debido al tumultuoso momento, apareciendo poco después en casa de un particular.

La defensa del edificio de San Julián

En el año 1968, según analiza Andrés Camino(2), se recibieron noticias poco alentadoras acerca del futuro de la Cofradía en su nuevo emplazamiento. Al parecer, la Junta Provincial de Beneficencia pretendía vender el inmueble para la construcción de uno o varios edificios.

Ante esta situación, el directivo de la cofradía, D. Jaime Solís Ortega, se lo hacía saber por escrito al Ingeniero Jefe de Obras Públicas, Luis Ponce de León Cabello, quién presidía la Hermandad. Indicaba que el inmueble anejo a la iglesia (incluida la dependencia que ocupada dicha Institución cofrade), había sido declarada en ruinas pero recordaba que la destrucción del templo estaba supeditada al dictamen de una Comisión de Bellas Artes por si estimaba méritos artísticos suficientes para salvarla.

No se ha podido precisar qué tipo de noticias llegaban al seno de la Hermandad referidas al futuro de San Julián, pero el caso era que el mencionado procesionista envió dos cartas, el 10 de agosto de 1970, con idéntico texto, dirigidas, una, al presidente de la Academia de Bellas Artes, José Luís Estrada Segalerva; y, otra, al presidente de la Junta Provincial de Beneficencia, Víctor Arroyo Arroyo, en las que se exponía el estado de conservación del edificio, la historia y vicisitudes del mismo, las obras de arte existentes, los cultos que se realizaban y el riesgo de desaparición para construir un gran bloque de viviendas.

Don Jaime Solís se dirigió por escrito, el 11 de octubre de 1973, al director general de Bellas Artes, Florentino Pérez Embid, guiado por el interés que tenía la Agrupación de Cofradías de Semana Santa por el edificio, señalándole que éste se mantenía al culto gracias a la Hermandad de las Penas, realizándose las pequeñas obras de conservación a sus expensas y que, por otra parte, la Agrupación de Cofradías se encontraba haciendo gestiones para instalar en dicho recinto un museo y adecuarlo a su costa, por lo que se le solicitaba que habilitase alguna fórmula para encauzar los deseos del ente agrupacional.

El Director General de Bellas Artes contestaría a Solís, el 23 de octubre de 1973, haciéndole saber que había trasladado la nota a los Servicios Técnicos de la Comisaría General del Patrimonio Histórico Nacional para que dictaminase la forma de prestar ayuda en la rehabilitación de la Iglesia de San Julián, la que por conducto de su Comisario General, expuso que no podía incluir en la programación las cantidades que se necesitaban para efectuar la restauración. Pese a esta respuesta, el subcomisario general de Patrimonio, comunicó que el edificio no estaba declarado “Monumento Nacional” lo que, de alguna manera, imposibilitaba la tramitación de créditos con cargo a los presupuestos de dicho organismo.

Sin embargo, la incertidumbre que había tenido en vilo a directivos y hermanos durante varios años estaba tocando a su fin. En un reportaje realizado por Francisco Javier Bueno en el diario “La Tarde”, se anunciaba que la iniciativa comenzada en 1968 y mantenida hasta 1974 por la Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía y María Santísima de las Penas de mantener en pie el conjunto arquitectónico de San Julián tuvo sus frutos, cuando el nuevo obispo de Málaga, Ramón Buxarráis Ventura (1973-91), decidió establecer en él, el Museo Diocesano de Arte Sacro y de las Cofradías, intención que luego no se haría efectiva.

La década de los setenta: La consolidación de un sello. El hermanamiento con Las Penas de San Vicente y el alumbramiento de la genial pieza de Antonio Pantión

En 1970 se crearon becas de estudios superiores, nombrándose igualmente al taller de personal de Obras públicas como Hermano Mayor Honorario.

La década de los setenta supondrá la consolidación definitiva de la peculiar estética gestada años atrás. En efecto, se acuerda la sustitución de la imagen del Santísimo Cristo, abandonando definitivamente el planteamiento de la iconografía del santanderino Cristo de Limpias para abogar por la plasticidad del modelo creado por Juan de Mesa para el Cristo de la Conversión de la hermandad sevillana de Montserrat. Por consejo de Juan Casielles, se encarga al escultor granadino Rafael Barbero Medina la hechura de una nueva talla que se bendeciría en San Julián en 1971 y que no llegó a procesionar en la tarde del Martes Santo de aquél año por la lluvia.

Sin embargo, no convenciendo el resultado a un buen número de hermanos, se decidió encargar otra imagen inmediatamente con el fin de no levantar demasiado revuelo, a Francisco Buiza Fernández.

Ese mismo año se colocó por primera vez el monte de claveles sobre el paso del Señor.

En marzo de 1972 se procedería a efectuar la bendición de la nueva talla del Santísimo Cristo de la Agonía en la sacristía de San Julián con el objeto de no levantar mucho revuelo tras el sorpresivo cambio de imagen.

El Viernes de Dolores de 1972, la cofradía celebró Solemne Vía-Crucis. Tras la lectura de las Estaciones se procedió al besapié del Santísimo Cristo.

El Diario Sur, en la mañana del Miércoles Santo, 29 de marzo de 1972, hacía la siguiente referencia al desfile procesional de la Cofradía de las Penas: “El Ministro de Obras Públicas presidió el cortejo de la Virgen de las Penas”. “Mucho antes de su hora un gran gentío se había concentrado ante la Iglesia de San Julián y calle Carretería, para presenciar la salida de los pasos de Nuestro Padre Jesús de la Agonía y María Santísima de las Penas, que como se recordará, el pasado año no pudo salir por la lluvia. Así, pues por primera vez hemos visto la nueva imagen del Cristo de la Agonía, bella imagen de la escuela sevillana, tallada por Buiza (…).

Al llegar el cortejo a la Avenida del Generalísimo se incorporó el ministro de Obras Públicas, don Gonzalo Fernández de Mora para presidir el desfile (…).

Detrás de los pasos formaron numerosas personas que cumplían promesas. Las imágenes también fueron acompañadas por un inmenso gentío hasta su retorno a la plaza de San Julián”.

Algunos meses antes, en enero de 1972, se había fraguado el hermanamiento con la cofradía de las Penas de la sevillana Parroquia de San Vicente, bellísima iglesia gótico-mudéjar, situada en la esquina de la calle homónima con la de Cardenal Cisneros.

En efecto, e invitados por la corporación sevillana, distintos miembros de la cofradía encabezados por D. Jaime Solís hicieron acto de presencia en la Función Principal de Instituto celebrada en aquella Parroquia. Las crónicas de la prensa indicaron que aquellos cultos fueron solemnísimos y en la Oración de los Fieles se pidió “Por todas las Hermandades de Málaga, en especial por los hermanos-cofrades del Santísimo Cristo de la Agonía y María Santísima de las Penas, unido a nosotros en este Sacrificio”.

Posteriormente, en el correspondiente almuerzo de hermandad, además de las dos Cofradías, tuvieron a bien asistir las radicadas en San Vicente y las que hacen Estación de Penitencia el Lunes Santo hispalense. Durante el transcurso de la comida no fueron pocas las intervenciones de miembros de las corporaciones hermanadas en las que florecieron agradecimientos y agasajos varios, así como la entrega de diversos presentes.

No debe dejarse escapar la ocasión de hacer referencia a la brillante alocución que hizo tras el brindis de rigor D. Antonio Rodríguez Buzón, mítico pregonero de la Semana Santa de Sevilla de cuyo discurso pronunciado en 1956 le había llevado a salir en hombros del teatro San Fernando, citando entusiasmado una poesía que venía a decir:

“… y así poder escuchar
la voz que al corazón llega
dulcemente desbordada
de mirada tan serena
y abrazados a tu Cruz
poder dejar sobre Ella,
el clavel de nuestro amor
reunido en total entrega,
de cofrades fervorosos
de la Hermandad de las Penas.”

Con ocasión de la Festividad de la Realeza, una nutrida representación de la corporación de San Vicente fue recibida por nuestra Hermandad a las puertas de San Julián. Tras la Función celebrada en honor de la Virgen de las Penas se celebró un almuerzo en el que se hizo entrega a la junta de gobierno un marco con la instantánea de Jesús de las Penas.

Como en el acto celebrado en Sevilla, volvieron a repetirse las locuaces interrupciones de la comida confraternal interviniendo además de nuestro hermano mayor D. Nicolás Baranda, el canónigo Rvdo. D. Manuel Gámez y por parte de la hermandad sevillana el carismático e ilustre cofrade sevillano, D. Juan Carrero Rodríguez que vino a decir lo siguiente: “Pensando un poco figurativamente, dijo haber visto a la Santísima Virgen de las Penas llevando sobre sus hombros el manto del cielo azul de Sevilla, coronada con el resplandor del sol de nuestra Málaga, y llevando de saya, el amor sincero de sus cofrades, en este día de pureza y cordialidad familiar, como hijos todos de la tierra de María Santísima”.

Paradójicamente, tras sendas visitas se tuvieron los primeros contactos con el que más tarde pasaría a formar parte de la nómina de hermanos de nuestra Corporación, D. Antonio Pantión Pérez, destacado compositor de música procesional. A este efecto, Jaime Solís le solicita a Pantión el envío de una copia de las partituras de la marcha “Jesús de las Penas”, la cual había sonado tantas veces a la salida de la hermandad por la banda que acompañaba a la Virgen de las Penas. De igual forma, desde la Secretaría de la hermandad hispalense, cuya titularidad correspondía entonces al aludido Juan Carrero, se remitieron las de la marcha “Tus Dolores son mis Penas”, por expresa indicación del Sr. Pantión. Como no podía ser de otra forma, la altísima calidad de las piezas indicadas originó el encargo de la marcha “María Santísima de las Penas”, santo y seña del actual patrimonio musical dedicado a nuestra Santísima Virgen.

La marcha, según nos indica la misiva firmada por el propio Pantión el 16 de febrero de 1973 a la atención del Hermano Mayor, D. Nicolás Baranda, “(…) está sacada de papeles, no la he mandado ya por quererla oír antes aquí en la banda del Regimiento (Soria 9), por si tuviera que hacer alguna reforma, en la instrumentación, que creo que no”. Igualmente nos informa que la Banda del Regimiento “(…) Con las fiestas de los pueblos de estos meses he tenido varias salidas. (…) A primeros de octubre la oiré y les mandaré el material”. Por último manda recuerdos a “(…) los amigos de la Hermandad”.

En 1973 se estrenan la Cruz de Guía y los faroles de acompañamiento.

En 1975 dejan de salir hombres asalariados en la Virgen.

En 1976 el Obispo firma un decreto por el que la Agrupación de Cofradías adquiere San Julián. En una cláusula se le destina un lugar dentro del inmueble para Secretaría de la Hermandad de las Penas.

En el verano de 1978 comienza la primera fase de las obras que se iban a efectuar en el edificio de la Iglesia de San Julián, por lo que los Titulares de la Hermandad se ven obligados a abandonar el altar que ocupaban en la Iglesia. La talla del Señor fue depositada en las dependencias de Secretaría y la Virgen de las Penas fue conducida a la Parroquia de los Santos Mártires, donde compartiría la capilla de la Hermandad de los Gitanos durante algún tiempo.

En 1979 se producirá el triste fallecimiento de Don Jaime Solís Ortega, fundador de la cofradía.

Los ochenta: Un paso para el señor y la puerta que se abrió en la Catedral.

En 1980, la talla del Santísimo Cristo de la Agonía realizada por Francisco Buiza fue el motivo principal del cartel oficial de la Semana Santa de Málaga en una recordada estampa en la que se le adivinaba a través de la puerta de la Iglesia de San Julián. La instantánea había sido tomada en 1976 por el reputado fotógrafo cofrade D. Ricardo Ballesteros Liñán. En ella se observa todavía el antiguo trono realizado por D. Pedro Pérez Hidalgo iluminado por candelabros culminados por faroles con codales de cera realizados en orfebrería de Villarreal. Igualmente aparecen cuatro nazarenos que portan ciriales, que luego serían reemplazados por acólitos,así como el inusual monte de claveles que ya se colocaba en nuestra cofradía en aquellos años.

Posteriormente se compone la Comisión para llevar a efecto el encargo del nuevo paso del Cristo que sustituiría al pesadísimo de Pedro Pérez Hidalgo. Dicho ente consultivo estaba compuesto por D. Antonio García Sánchez, D. Jacinto Torres Martos, D. Rafael Moreno Lagrú y D. José Solís Puya.

En 1981, el trono de la Santísima Virgen es portado íntegramente por hermanos de la corporación.

En 1982, la banda Municipal de Vélez-Málaga estrenaría la marcha de Pantión dedicada a la Santísima Virgen durante el transcurso de una conferencia que corrió a cargo de Juan Carrero y que se tituló “Los Hermanos Pantión y su obra”. En la calle, la marcha se escuchó por primera vez tras el palio de la Virgen en la jornada del Martes Santo del citado año 1982.

El año futbolístico del Mundial de España fue también el de la edición del primer boletín informativo, el número 0 y en el que se encarga el frontal del canasto del paso del Cristo así como las tres cartelas del mismo.

Al año siguiente, tras la terminación de las obras de restauración de San Julián, se trasladan las Imágenes a su altar, recuperándose la celebración de la Realeza en honor de María Santísima de las Penas, tras varios años sin celebrarse. Se acuerda igualmente encargar los candelabros de guardabrisas así como el resto de cartelas del trono del Cristo.

El 1984 se produce la irreparable pérdida de D. Antonio Graciani Vázquez, Hermano Mayor que fuera desde 1958 a 1963.

Ese año sería también el de un convulso proceso electoral que llevó a D. José Solís Puya a acceder al cargo de Hermano Mayor tras no haber resultado elegido el cabeza de la única candidatura presentada, D. Antonio García Sánchez, habiéndose tenido que convocar nuevas elecciones.

En 1985 se celebra el Cincuentenario Fundacional siendo Solís, Hermano Mayor. A estos efectos, se editó tanto un Cartel conmemorativo, realizado por Jorge Cuadros y en el que aparecían las dos portadas de los templos hasta ese momento protagonistas de la historia corporativa: Iglesia de San José y el templo de San Julián, como un Boletín Extraordinario. Por otra parte, se acordó entregar la Primera Medalla Conmemorativa a S.M. el Rey, Don Juan Carlos de Borbón, la cual fue aceptada gustosamente.

Algunos años después, en 1988, la Agrupación de Cofradías acometería las obras definitivas de acondicionamiento de la Iglesia de San Julián, con la ejecución de cuatro altares y el retablo para el Altar Mayor, según diseño de Jesús Castellanos Guerrero. Por tal motivo, el 23 de marzo de 1988, las imágenes de la Hermandad serían nuevamente trasladadas a la Parroquia de los Santos Mártires, yendo a ocupar la Capilla de la Hermandad de los Gitanos, que gentilmente es nuevamente ofrecida. El tercer domingo de Mayo de ese año se celebraría la Festividad de la Realeza en el interior de la Iglesia Parroquial y con la Virgen de las Penas depositada en el Altar Mayor. El 15 de octubre de 1988 serían nuevamente devueltas las Imágenes a su sede canónica en solemne traslado.

El año 1988 será igualmente el de la culminación de un anhelo largamente perseguido por los cofrades de las Penas. El Martes Santo de aquél año la hermandad culmina por primera vez su Estación de Penitencia en la Santa Iglesia Catedral Basílica dando por fin un completo sentido al desfile procesional.

Este hecho se debió a la providencial intercesión del Sr. Obispo D. Ramón Buxarráis que consiguió que en ese año las puertas de la Catedral se abrieran definitivamente para todas las cofradías. Hasta ese momento, únicamente gozaban de esa prerrogativa las cofradías de Viñeros (desde 1949) y Pasión (desde 1977).

Cultos dedicados en honor de María Santísima de las Penas

Los cultos celebrados hasta mediada la década de los años 80 consistieron en un triduo en Cuaresma, realizado conjuntamente con la imagen del Santísimo Cristo de la Agonía, y en una función religiosa en el mes de mayo. Este último culto se remonta a los años finales de los sesenta, exactamente a 1969, cuando esta Corporación nazarena instituyó la fiesta de la Realeza de la Virgen.

El P. Manuel Gámez López fue el encargado de oficiar la función religiosa el 1 de junio. El entonces beneficiado catedralicio glosó las glorias de la “Santísima Virgen, Madre de la Iglesia y Madre nuestra”, exhortando a los presentes a “amarla e invocarla más frecuentemente y a considerarla siempre como nuestra Madre amorosísima”(3).

Desde entonces, la Cofradía ha contado, para esta ceremonia religiosa, con los más ilustres predicadores de la Iglesia malacitana. Cabe resaltar por su curiosidad la de 1977, en que fue celebrada una misa flamenca por malagueñas, siendo cantada, además de por el celebrante, el P. Miguel Rojo Barranco, por el “Niño de Canillas”, el “Niño de Bonela” y el “Niño de la Isla”, actuando con la guitarra “El Africano” y Cómitre(4).

Con la aprobación de los Estatutos de 1985 -que reemplazaban a los de 1977-, se convirtió en el culto dedicado a la venerada Titular(5). La importancia de esta fiesta, de marcado acento marianista, llevó consigo que la Junta de Gobierno, presidida por Miguel Navas Fernández, organizara un pregón de la Realeza de la Virgen María en 1991 y que hoy día se sigue desarrollando(6).

Desde entonces la nómina de pregoneros se ha ido conformando de la siguiente manera:

1991.- Don Juan Antonio Quintana Urdiales.

1992.- Don Francisco Manuel Calderón Rodríguez.

1993.- Don Gonzalo Huesa López.

1994.- Don Salvador Villalobos Gámez.

1995.- Don Jesús Saborido Sánchez.

1996.- Don Jesús Castellanos Guerrero.

1997.- Don Pedro Merino Mata.

1998.- Don Francisco José González Díaz.

1999.- Don Bernardo Pinazo Osuna.

2000.- Don Fernando Sierra Sevilla.

2001.- Don Alberto Jiménez Herrera.

2002.- Don Rafael Jiménez Valverde.

2003.- Rvdo. Don José Luis Zurita Abril.

2004.- Don Ignacio Castillo Ruíz.

2005.- Don Juan Carlos Martínez Haro.

2006.- Don Rafael Ruíz del Portal Jiménez.

2007.- Don Alejandro Morante Hernández.

2008.- Don Francisco Regueira Colomina.

2009.- Rvdo. Don Rafael Pérez Pallarés.

2010.- Don Antonio J. Muñoz Maestre.

2011.- Rvdo. Don Juan Alberto Ramírez Avilés

Los años noventa: Salir del interior de San Julián, un sueño convertido en realidad

La década de los 90 comenzará con un nuevo hito en la historia corporativa. En 1992, la cofradía decidiría salir con todo el cortejo, incluidos los dos pasos, desde el interior de la Iglesia de San Julián. Se culminaba así todo un largo periplo de controversias, reflexiones y proyectos hasta entonces infructuosos. Para ello se acometieron una serie de reformas en las mesas de los tronos y se realizaron ensayos para comprobar que los mismos pudiesen salvar las reducidas dimensiones de la puerta del templo. Franqueado con éxito el trance la hermandad alcanzaría la deseada normalidad litúrgica y escénica en la Estación de Penitencia. Del mismo modo se institucionalizó la Misa de Nazarenos que se llevaría a cabo momentos antes de la salida.

De hecho, como afirma Camino Romero, este deseo de salir “de dentro” se había remontado a prácticamente la llegada de la Hermandad a San Julián. En efecto, en un acta capitular, fechada el 17 de octubre de 1968, ya se trató de ello, acordándose “(…) dejar en suspenso, por este año, la proyectada salida procesional de la hermandad desde el interior de la Iglesia de San Julián”.

Igualmente, de grato recuerdo fue para el mundo cofrade en general, y en particular, para la cofradía de las Penas, la organización de la Exposición Antológica sobre la obra de Juan Casielles que se celebraría entre el 16 y el 31 de marzo de aquel año en las dependencias del Antiguo Hospital San Julián

Durante la Cuaresma, se presentó en el Conservatorio de María Cristina, la marcha “Cristo de la Agonía”, interpretada por la banda de música de la División Guzmán El Bueno nº 2 “Soria 9” de Sevilla y compuesta por D. Abel Moreno Gómez, a la sazón, director de tan afamada formación.

En este año, tan trascendental en lo cultural y deportivo para nuestro país, se culminaría también el dorado del paso del Santísimo Cristo en los talleres Arosa y se fraguaría, precisamente, con motivo de la Exposición Universal de Sevilla, la participación de nuestra Cofradía en la muestra de patrimonio de hermandades que tuvo lugar en la Basílica del Gran Poder, como extensión del Pabellón de la Santa Sede, gracias a la impagable labor de nuestro hermano, D. Eduardo Nieto Cruz.

En el mes de julio de 1993, en junta de Oficiales y siendo Hermano Mayor, D. Miguel Navas Fernández, se decide acometer las obras de acondicionamiento definitivo de la Sala Capitular del Antiguo Hospital de San Julián en donde la hermandad tenía su sede social desde 1966.

En efecto, se efectuaría una reforma integral de todo el espacio. En la zona de albacería se procedió a reponer la solería y a construir dos vitrinas para exponer el paso del Señor. En la propia Sala Capitular se cambiaría el suelo y además se colocaron nuevas vitrinas. Por su parte, en la sala administrativa, se colocó un zócalo realizado a mano en cerámicas Montalbán radicado en el populoso barrio sevillano de Triana. En el paño principal de dicha habitación se reflejó la heráldica de la Hermandad en dimensiones de 75 x 75 centímetros.

Por su parte, en julio de 1994 resultaba elegido nuevo Hermano Mayor, D. José Solís Puya.

El 11 de Septiembre de aquel año fallecería víctima de un trágico accidente el que fuera Jardinero Mayor del Parque, D. Alfonso Cruz Andreu, segunda generación de responsables en la confección anual del manto floral de la Santísima Virgen de las Penas. A su funeral asistiría una representación de la Hermandad.

El año 1995 será pródigo en estrenos procesionales. El más trascendente sería sin duda la candelería del paso de palio que en número de 84 piezas vendría a finalizar el trono diseñado por D. Juan Casielles. La terminación de tan deseado proyecto se debió a la colaboración entusiasmada de muchos cofrades de la Hermandad que se suscribieron a donar un candelero para el palio de la Santísima Virgen. Igualmente, se estrenaría el Libro de Reglas.

En febrero de 1995 se bendecirían las dependencias reformadas de la Hermandad que se habían iniciado en el último mandato de D. Miguel Navas.

En octubre de ese año se aprueba en Junta de Oficiales la hechura de un nuevo guión corporativo. Habían concurrido dos proyectos, uno, el presentado por el bordador malagueño, D. Salvador Oliver, y otro, el de los talleres de Fernández y Enríquez de Brenes, quienes al final serían los encargados de realizarlo tomando como base el diseño imaginado en su día, cómo no podía ser de otra manera, por Juan Casielles.

Poco antes de llegar el año 96 fallecería el que fuera fundador, hermano mayor, Hermano Mayor Honorario y también Primera Medalla de Oro de la Hermandad de las Penas, D. Antonio García Sánchez dejando un hondo pesar en el seno corporativo.

El Martes Santo de 1996, día 2 de Abril, se descubriría en un lugar preferente de la Sala Capitular, una placa conmemorativa en honor de D. Antonio García. Fue descubierta por su hijo, que se hallaba acompañado de su madre, Dª Francisca y su hermana Dª Elvira. También estuvieron presentes en el acto, la Excma. Alcaldesa de la Ciudad, Dña. Celia Villalobos Talero, entre otras autoridades, así como los miembros de la Junta de Gobierno y numerosos hermanos.

El año 96 se cerraría brillantemente con la participación de la cofradía en los actos del LXXV Aniversario de la Agrupación de Cofradías que llevaría al paso de palio con la imagen de la Virgen de las Penas a participar en una muestra expositiva en la Santa Iglesia Catedral. (Más información en “Efemérides”).

Igualmente, la cofradía celebró ese año un trascendente Cabildo Extraordinario destinado a iniciar las acciones oportunas para desbloquear la situación permanente de cierre del templo de San Julián. Para ello se acordaría iniciar conversaciones con el Presidente de la Agrupación de Cofradías, también hermano de nuestra Corporación, D. Jesús Saborido Sánchez.

Tiempo después, por resolución unánime de los miembros de la Comisión Permanente del ente agrupacional, se acuerda felizmente que la Iglesia de San Julián permanezca abierta en horario de tarde, encargándose la cofradía de las Penas de su vigilancia.

Sin embargo, las relaciones con la entidad titular del Templo comenzaron a frecuentar demasiados altibajos. A pesar de ese logro, la cofradía sufrió diversos trastornos previos a la salida procesional. En concreto, en la noche del 19 de marzo de 1997, se ordenó a sus responsables a desalojar de la nave principal la mesa del paso del Señor, desmontar el altar de cultos, quitar el armazón metálico del manto, los varales y todos los elementos destinados a preparar el desfile. Ante esta tesitura, la cofradía adoptaría un acto de protesta mientras transcurría por la Tribuna de la Plaza de la Constitución y que consistió en pasar sin música, a paso de tambor y con mayor diligencia de lo habitual. Por otra parte, la Junta de Gobierno acordaría por unanimidad enviar dos escritos a la Agrupación dirigidos uno al Sr. Fiscal y otro al Sr. Secretario General.

No obstante, el año 97 se recordará esencialmente por ser el de la conmemoración del XXV Aniversario de la hechura del Santísimo Cristo de la Agonía que se celebraría con un completo programa de actos (Más información en “Efemérides”).

En el mes de junio, en la Iglesia de San Julián y delante de la capilla del Santísimo Cristo, la Consejera de Cultura de la Junta de Andalucía, Doña Carmen Calvo, firmaría el protocolo de restauración del Sagrado Titular por el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico.

Por su parte, en el mes de julio, se celebraba un Cabildo Extraordinario para presentar a los hermanos el proyecto de nuevo palio para la Santísima Virgen.

Y para finalizar un intenso anuario, durante el transcurso de la misa de apertura del curso 97-98 se presentó y bendijo el trono del Santísimo Cristo de la Agonía. Concluía así un largo peregrinaje desde que en los años sesenta se empezara a plantear en la hermandad la necesidad de dotar a la imagen del Cristo de la Agonía de un trono más acorde al nuevo estilo que comenzó a gestarse a raíz de la llegada a la misma de D. Juan Casielles del Nido. Así las cosas, igualmente habían pasado muchos años desde que D. Antonio García Sánchez había firmado con el tallista D. Antonio Martín el primer contrato y otros tantos hermanos como D. Miguel Navas, bajo cuyo mandato se creó la Comisión de Arte constituida con la intención de acabar la ejecución del trono, o el propio José Solís, que además de presidir dicha Comisión tuvo el honor de ser el Hermano Mayor que encabezaría la finalización del mismo.

El Martes Santo de 1998 sería descubierto un azulejo en memoria del recordado D. Jaime Solís Ortega, asistiendo nuevamente autoridades y miembros de la hermandad. En una brillante tarde de buen hacer procesional, la Santísima Virgen se vería cobijada fantásticamente por el nuevo palio ejecutado al completo sobre terciopelo verde por los talleres de Fernández y Enríquez y que sustituyó definitivamente al que hiciera Leopoldo Padilla que tantos años había sido Cielo de sus lágrimas y de sus Penas.

El 23 de junio de 1998 se celebró nuevo cabildo de Elecciones resultando elegida la única candidatura presentada y encabezada por D. Francisco Manuel Calderón Rodríguez como hermano mayor, cargo que ha venido desempeñando ininterrumpidamente hasta la actualidad.

Por otra parte, en fecha 21 de noviembre de 1998, el Ilustre Colegio Territorial de Administradores de Fincas de Málaga, Hermanos Mayores Honorarios de la Cofradía, de manos de su Presidente D. Rafael Rico Lara, impuso la Medalla de Oro de la institución a la Virgen de las Penas durante el transcurso de una Función Religiosa oficiada por el Rvdo. P. D. Antonio Gómez López. La parte musical corrió a cargo de la Coral Polifónica Santa Cecilia dirigida en esa ocasión por D. Manuel Maza Rodríguez.

El año 99 tendrá su protagonismo en lo musical con la organización de un Concierto benéfico denominado “Sones de Caridad” acto que fuera conducido por D. Pedro Merino Mata. Al mismo, acudieron bandas de reconocido prestigio como la de las Tres Caídas de Triana, Exaltación de Sevilla y la entonces recién creada de la Archicofradía del Paso y la Esperanza. Durante su actuación, la banda sevillana de la Exaltación, que acompañaba entonces al Santísimo Cristo, estrenó la marcha “Cristo de la Agonía” siendo del total agrado de los presentes.

Del mismo modo, la junta de gobierno acordaría firmar por tres años a la joven Banda de Nuestra Señora de la Paz del Colegio Rosario Moreno para el acompañamiento del paso de palio, iniciándose así una relación contractual y afectiva que se extendería por más de una década.

En septiembre se acuerda igualmente pasar los bordados del antiguo palio a un dosel para cultos así como componer una comisión para el estudio de un nuevo itinerario de ida que lleve a la hermandad a transcurrir por la calle Nueva.

Por otra parte, las cofradías del Huerto y Pasión se trasladarían provisionalmente a San Julián por las obras que se venían ejecutando en las cubiertas de los Mártires.

Durante ese año se recibe la noticia del fallecimiento del compositor D. Ginés Sánchez Torres, que realizaría por mediación de nuestro hermano y, a su vez, alma máter de la banda de la Expiración, D. Juan Jurado Guerrero, la marcha “Reina de San Julián” dedicada a la Virgen de las Penas.

Ese año, y tras ser aprobado en Cabildo, la Hermandad celebró Solemne Vía Crucis que discurrió por la Iglesia y el patio bajo de San Julián, el sábado de pasión día 27 de marzo, siendo leídas las catorce estaciones por hermanos y allegados a la Corporación. Intervino con acompañamiento musical nuevamente la coral Santa Cecilia. Posteriormente al rezo del Vía Crucis fue entronizada en su paso procesional la imagen del Santísimo Cristo de la Agonía.

El Martes Santo de 1999 se saldó con la normalidad de años precedentes, sin embargo, en las reseñas informativas de los días posteriores aparecen inexplicablemente una serie de enconadas afirmaciones contra la más que consolidada rúbrica estética de la hermandad de las Penas.

En Sur, aparece “La cofradía volvió a hacer gala de elementos de tendencia sevillana, hecho que es habitual en esta hermandad desde hace muchos años. El desfile procesional resultó lúcido, sobre todo por el singular manto de flores de la Virgen de las Penas, que es la seña de identidad más característica de la hermandad de las Penas y que tanto gusta al pueblo de Málaga”.

En la jornada del jueves 1 de abril, aparece en la página de opinión del Diario Málaga, y firmado por D. José A. Hierrezuelo, un artículo a dos columnas donde se dice “… uno de los orgullos de la Semana Santa malagueña es el manto de flores de María Santísima de las Penas. (…) Pero la nueva corriente imperante en la cofradía de las Penas parece estar dispuesta a cargárselo”.

Al día siguiente, Viernes Santo, aparecería en el mismo periódico, un nuevo artículo, en este caso de la redacción, donde se señala la supuesta reacción de muchos de los hermanos con deseo de promover un cambio en los órganos de gobierno de la Hermandad, precisándose incluso la presunta tramitación de proyectos para eliminar el manto de flores así como la sustitución de las campanas de ambos tronos por llamadores, elementos característicos de los pasos procesionales de otras representaciones de pasión, como por ejemplo, Sevilla.

El año 2000 resultaría de gran trascendencia para la Iglesia Católica y, por ende, para el conjunto de cofrades de las Penas, miembros a su vez de la comunidad eclesial malagueña. El Papa Juan Pablo II, mediante carta apostólica Tertio Millenio Adveniente, nos invitó a festejar con júbilo la venida de Dios, subrayando la necesidad de comprender el misterio de la Encarnación que nos recuerda que Dios nos ama y que por amor a nosotros, Jesucristo, hacía 2000 años, se hizo hombre y por tanto, todos y cada uno de nosotros, sus seguidores, debíamos amar a las personas como Cristo nos amó. El objetivo prioritario del Jubileo fue el fortalecimiento de la fe y del testimonio de los cristianos.

A éste y otros efectos, en la tarde del 3 de febrero por parte de diversos integrantes de la Junta de Gobierno, se cursaría visita al Sr. Obispo, D. Antonio Dorado Soto, informándosele de manera detallada sobre diversos proyectos: la organización de una Bolsa de Caridad, desarrollo de cursos de Formación, así como la inminente ampliación de las reglas para anexionar un reglamento de funcionamiento interno. Por otra parte, se le expondría la intención de celebrar el Gran Jubileo de forma corporativa, con la organización de un programa de actos extraordinario, indicándonos la importancia que poseía en ese año incidir en torno al Santísimo Sacramento de la Eucaristía. De esta forma, y con el beneplácito del Párroco y el Director Espiritual, quedarían orientados los actos propios de la Hermandad de las Penas en su particular celebración del jubiloso año 2000.

La cofradía, por otra parte, estuvo presente corporativamente en los actos oficiales organizados por el Obispado para la celebración del Año Jubilar.

En otro orden de cosas, tras más de cuatro décadas, concretamente desde el año 1957, sin pasar el cortejo penitencial por la céntrica calle Nueva, el Martes Santo del año 2000 se recuperaría este enclave para acceder al recorrido oficial, rescatando para la historia de la ciudad este cofradiero marco.

1. CAMINO ROMERO, A., “La iglesia de San Julián de Málaga: un lugar para el culto del Santísimo Sacramento”, Simposium de Religiosidad y Ceremonias en torno a la Eucaristía, San Lorenzo del Escorial, 2003, pp. 471-491. CAMINO ROMERO, A., “El traslado de la Cofradía de las Penas a San Julián y la defensa del edificio”, en prensa.
2. CAMINO ROMERO, A. “La iglesia y el Antiguo Hospital de San Julián. Un edificio con historia.” Colección de Libros Cofrades de La Saeta. 2009. Pag. 56 y ss. 3. Sur, Málaga, 3 de junio de 1969.
4. Ibídem, Málaga, 26 de mayo de 1977.
5. En el capítulo 3, artículo 18, de los Estatutos de la Venerable Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Agonía, María Santísima de las Penas y Santo Domingo de la Calzada, aprobados por la autoridad eclesiástica el 31 de diciembre de 1985, se dice: “En honor y gloria de nuestra Venerada Titular María Santísima de las Penas, la Hermandad celebrará anualmente en el mes de Mayo la Festividad de la Realeza de la Santísima Virgen, culminando con devoto besamano”.
6. El primer Pregón de la Realeza fue pronunciado por Juan Antonio Quintana Urdiales en el antiguo Conservatorio de Música María Cristina el 24 de mayo de 1991.

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