Introducción (1)

La ciudad de Málaga cuenta con una Semana Santa casi cinco veces centenaria que, a través del tiempo, ha ido sufriendo cambios sustanciales hasta conformarse tal como se la conoce en la actualidad.

El alborear cofrade malacitano se inició en 1505 con el nacimiento de la Ilustre Archicofradía de la Santa Vera Cruz y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo.

Desde entonces, se fueron creando cofradías en conventos e iglesias repartidos dentro y fuera de las murallas de la urbe. Éstas vivieron etapas de diferente consideración según la época. Unas, de apogeo y plenitud y otras, de derrumbe y postración. Estos ciclos vinieron marcados, principalmente, por aspectos políticos y económicos.

No será, por ende, hasta la llegada del siglo XX cuando el rumbo de éstas se enderece -pues se debatían en una permanente lucha por subsistir-, a raíz de la fundación de la Agrupación de Cofradías en la desaparecida iglesia de Nuestra Señora de la Merced el 21 de enero de 1921, la primera de este género en España.

Este organismo proporcionó estabilidad al inestable mundo de la Semana Santa de las décadas precedentes, siendo el número de trece(i) las cofradías que dieron forma y contenido a la naciente institución, de la que fue su primer presidente Antonio Baena Gómez.

El asentamiento de la vida corporativa y del orden procesional de las cofradías era ya una realidad en la década de los años veinte; sin embargo, en la de los treinta se tambaleó por los descalabros sufridos a consecuencia de los sucesos de mayo de 1931 y de la guerra civil, perdiéndose para siempre imágenes insustituibles -por su devoción y valor artístico-, tronos y enseres.

Tras el conflicto armado, la entidad agrupacionista volvió a recuperar su actividad como uno de los elementos vertebradores de la sociedad malagueña. A partir de entonces, se adhirieron nuevas corporaciones nazarenas como la “Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía y María Santísima de las Penas”, que solicitó el ingreso en la Agrupación en 1943, siéndole concedido .(ii)

Fundación de la Cofradía de las Penas

Los estudiosos que han tratado el tema no se ponen de acuerdo (al no existir acta fundacional ni datos que aporten algún indicio sobre este aspecto) a la hora de establecer una fecha exacta, aunque siempre se ha fijado la de 1935 en publicaciones especializadas de Semana Santa . El profesor Agustín Clavijo García proponía en su obra “La Semana Santa malagueña en su iconografía desaparecida” la del 30 de abril de 1935, para luego señalar que Antonio Rojo Carrasco, uno de los fundadores, aseveraba -con documentos que obraban en su poder- que lo fue el 7 de febrero de 1934 en la iglesia de San José.(iv)

Sin embargo, la profesora María Encarnación Cabello Díaz localizó una importantísima noticia en el periódico “La Unión Mercantil”, en su edición del 9 de junio de 1935. Ésta se refería a que la Comisión organizadora de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Agonía y María Santísima de las Penas había celebrado una reunión general de hermanos en los salones de la Agrupación de Cofradías el día 7 de junio para nombrar a una nueva Junta de Gobierno, donde salió elegido hermano mayor Julio Alfaro Martín.(v)

Con este hallazgo, podemos poner de manifiesto lo siguiente:

  • Que en la primera información, se apunta la fecha alegremente sin una referencia documental.
  • Que en la segunda, hay un detalle que no se puede pasar por alto, cuando se inscribe la sede canónica: “Iglesia de San José”. Por ese tiempo -el 7 de febrero de 1934-, San José estaba cerrado a causa de los destrozos provocados por los asaltantes en los referidos sucesos de mayo de 1931.
  • Que en la tercera y última, es donde se encuentra una mayor credibilidad y fiabilidad por la procedencia de la misma.

Ello nos lleva a creer que el proceso de gestación se iniciara en los meses siguientes a la celebración de la Semana Santa, es decir en abril y mayo de ese año de 1935. La vuelta al procesionismo de varias hermandades penitenciales durante los días Jueves y Viernes Santos y Domingo de Resurrección de 1935, tras la suspensión de los desfiles de 1932, 1933 y 1934, pudo haber contribuido para que los cofrades decidieran fundar la Cofradía que historiamos.(vi)

Los primeros estatutos fueron presentados en 1935 por los hermanos, siendo muy posiblemente aprobados por el vicario general de la diócesis, Francisco Javier Martínez Navas, ante la ausencia del obispo Manuel González García, quien no había regresado a Málaga desde los sucesos del 11 y 12 de mayo de 1931, durante los cuales el Palacio Episcopal fue incendiado.

Primera sede de la Cofradía

Por las noticias que teníamos hasta ahora se pensaba que la Cofradía de las Penas se había fundado en la iglesia de San José. Pero con el descubrimiento, por parte de la citada profesora Cabello, de la noticia recogida en el periódico “La Unión Mercantil”, se da un vuelco a esta creencia. En la información facilitada también se plasmaba lo siguiente: “Hermandad del Santísimo Cristo de la Agonía y María Santísima de las Penas / QUE SE VENERA EN LA IGLESIA DEL CONVENTO DE LAS CATALINAS”.(vii)

Con este dato tan revelador, efectuamos una revisión exhaustiva de los fondos hemerográficos en los archivos de nuestra ciudad del período comprendido entre 1931 y 1935, para conocer si en verdad la iglesia de San José registraba actividad cultual. Tras escudriñar los diferentes años, el resultado de la investigación fue negativo.

Hay que recordar que este templo, casi escondido entre las calles Granada y San José, fue erigido en el siglo XVII a iniciativa del Gremio de carpinteros y al mecenazgo del entonces obispo de la diócesis fray Antonio Enríquez de Porres (viii) . Dicha iglesia nunca se significó a nivel cofrade y sus funciones religiosas debieron ser limitadas y modestas. No pasó, sin embargo, desapercibida para los revoltosos en la fatídica noche del 11 al 12 de mayo de 1931, en la que un grupo trató de incendiarla. Un conocido comerciante salió en defensa del inmueble, consiguiendo impedir un primer intento de quema, aunque “(...) horas después otro grupo logró penetrar en la iglesia (y) causar grandes destrozos”(ix).

Tras permanecer cerrada al culto cuatro años y medio, la Asociación y Visita Domiciliaria de la Santa Medalla conmemoró, según el programa el actos, la “RESTAURACIÓN DE ESTA IGLESIA Y COLOCACIÓN EN ELLA DE LA VIRGEN MILAGROSA”, celebrando unas funciones religiosas durante los días 9 y 10 de noviembre de 1935, coincidiendo precisamente con la llegada a la ciudad del nuevo prelado, Balbino Santos Olivera. En el primer día, se decía: “A las seis de la tarde, solemne bendición de la Iglesia, oficiando el Iltmo. Sr. Vicario de la Diócesis, D. Francisco Martínez Navas” (x).

Indiscutiblemente, los cultos se reanudaron en San José a partir de la fecha indicada. Sin embargo, no se vuelve a tener noticias por la prensa local sobre este recinto sagrado hasta el 10 de enero de 1936 (xi).

Unos meses después, en concreto el 11 de abril de 1936, hallamos también la primera información referida, en este caso, a la Hermandad del Santísimo Cristo de la Agonía y María Santísima de las Penas (xii). La iglesia de San José no tuvo culto durante el tiempo que se ha reseñado, por eso nos sorprende que el profesor Clavijo afirmara que la imagen del Crucificado de la Agonía, obra realizada por José María Matot, de Olot (Gerona), fuese bendecida el 19 de marzo de 1935 en la iglesia de San José (xiii).

Por otro lado, en la iglesia conventual de las Catalinas sí hay noticias de la práctica cultual en 1935. Tomamos como muestra tres secuencias del culto en el templo, ubicado su acceso por la calle Moreno Mazón (actual de Andrés Pérez) nº 17. La primera, informa de los Divinos Oficios que se efectuarían el Viernes Santo y el Sábado de Gloria (xiv). La segunda, trata de unas ceremonias religiosas realizadas por las dominicas el día 16 de junio, festividad de la Santísima Trinidad (xv). La tercera, del mes de octubre, anuncia la misa rezada diaria a las siete y la de los domingos y festivos a las siete y media (xvi).

Tras este planteamiento, que cuenta con el respaldo documental, estamos seguros de poder afirmar que la Hermandad se fundó en la iglesia de las Catalinas y no en la de San José como hasta ahora se creía.

La estancia de la Cofradía de las Penas en la iglesia de las Catalinas fue corta, de meses, puesto que el 7 de junio de 1935 se encontraba en ella y el 11 de abril de 1936 en la de San José. Por el momento, se desconoce la causa por la que los hermanos eligieron esta sede regida por monjas de la Orden de Santo Domingo de Guzmán, cuando no era lo habitual a tenor de las Reglas de la Comunidad. Éste fue uno de los templos que salieron mejor “parados” al no ser incendiado en los actos vandálicos de mayo de 1931 (xvii). Las religiosas regresaron al convento en 1934, tras mantener un pleito -que ganaron- contra los descendientes de Rosa Pérez Solano (quien obtuvo del Obispado el patronato perpetuo del convento y de la iglesia por ayudar a fundarlo en 1783), que deseaban hacerse con el inmueble aprovechando que las monjas estaban alojadas en distintas casas de la ciudad por familias que les brindaron hospitalidad (xviii).

Los Primeros Estatutos

En cumplimiento de la Ley de Asociaciones Religiosas, que databa de 30 de junio de 1887, la Comisión organizadora de la Hermandad aportó para su aprobación dos ejemplares del Reglamento por el que había de regirse; una de ellas, debidamente reintegrada con arreglo a las disposiciones de la entonces vigente Ley del timbre del Estado. Los Estatutos fueron presentados en el verano de 1935, pudiendo significar que estuvieran aprobados por el Vicario general de la diócesis ante la ausencia del obispo Manuel González García, quien no había regresado a Málaga desde los tumultos del mes de mayo de 1931, en que el Palacio episcopal fue incendiado.

Estas primeras Reglas son bastante concisas. Cuentan con 6 capítulos y 45 artículos. El título de la Hermandad aparece ya claramente definido: COFRADÍA DEL SANTÍSIMO CRISTO DE LA AGONÍA Y MARÍA SANTÍSIMA DE LAS PENAS. No figura en ellos ninguna reseña, por pequeña que sea, de los motivos o circunstancias que impulsaron a crearla, y sólo se justifican sus fines en el culto privado y público a los Titulares. Se da cabida en su seno a miembros de ambos sexos, que forman cuatro grupos regidos por la Junta.

Éstos eran, los de 1ª categoría formados por los hermanos activos de culto y procesión, y los únicos que tenían derecho a asistir con voz y voto a los cabildos generales.

Los del 2º grupo eran los miembros activos de culto y ejercicio, sin derecho a participar en las discusiones de la Hermandad.

Seguían los del 3º, formados por hermanos honorarios o “suscriptores” que estaban obligados a contribuir con una cuota mensual al sostenimiento de la Cofradía. Tampoco tenían derecho a asistir a los cabildos y a salir en procesión, sin antes pasar a la categoría de activos.

Por último, los del 4º grupo lo engrosaban los llamados “hermanos protectores” que contribuían con donativos especiales a los gastos extraordinarios, y según la cuantía de las aportaciones se titulaban “hermanos mayores honorarios o camareras honorarias”.

La cuota fijada era de una peseta para los activos y 50 céntimos para el resto.

En el apartado de cultos resulta claro que éstos priman sobre la organización de la procesión de la que sólo se dice:

“(...) que en una noche (sin especificar) de la Semana Santa si el estado financiero (...) lo permite y sin que los gastos que esta disposición origine, pueda menguar los cultos que se consagran a honrar en su Templo a las imágenes de los Titulares, saldrán estos procesionalmente”.

En cuanto a los cargos la Junta de Gobierno se estructuraban en un presidente, (el capellán de la iglesia donde se venerasen las sagradas imágenes), el hermano mayor y adjunto, dos mayordomos (Cristo y Virgen), dos fiscales, un tesorero, un contador, un archivero, un secretario y adjunto, dos albaceas de culto y doce vocales.

Las disposiciones referentes a ellos eran muy rigurosas y se castigaba con el cese de su cargo a quienes faltasen a tres juntas consecutivas. Éstas se celebraban el primer domingo de cada mes. Cabildos, salvo que se solicitara por causa extraordinaria, sólo había uno anual en Pascua de Resurrección.

El carácter austero y severo del que se quería dotar a la Cofradía se trasluce en muchos de los apartados y en la prohibición tajante de “(...) no poder allegar recursos pecuniarios con la celebración de actos profanos como verbenas, bailes, cruces de mayo, funciones teatrales, etc.”.

Reflejo del momento político que se vive es la siguiente redacción: “(...) que en caso de dejar de existir la Hermandad los fondos que hubieren serían destinados a centros benéficos (...)”, sin que se haga mención a los derechos de la Iglesia, salvo en un último artículo donde se manifiesta que: “(...) se someten en un todo a la Autoridad Diocesana (...)”(xix).

Las Primeras Imágenes

Los antecedentes del primer Crucifijo que poseyó la hermandad no son nada claros. El malogrado profesor Agustín Clavijo mantuvo la teoría de que uno de los fundadores de la cofradía, Antonio Rojo, encargó la imagen a los talleres gerundenses de José María Matot (Olot-1935), por expreso deseo de su madre, quien profesaba una intensa devoción al Crucificado de la Agonía de la localidad santanderina de Limpias y en cuya efigie se inspiraría decididamente la imagen malagueña. En cualquier caso, nuestro hermano e historiador, Andrés Camino, ha discrepado sobre la afirmación de que la talla fuera bendecida en San José, el 19 de marzo de 1935, puesto que se presume fundadamente que al menos hasta noviembre de 1935 no se reinició el culto en San José (cerrada desde los desastres del 31) y que, como también se ha demostrado por la noticia hallada por la profesora María Encarnación Cabello en “La Unión Mercantil” de su edición de nueve de junio de 1935, la cofradía se fundó en Las Catalinas y que allí estuvo al menos desde el 7 de junio de 1935. La imagen probablemente desapareció tras los saqueos de la Guerra Civil. (Más información en el apartado Antiguos Titulares)

Una vez establecida la Cofradía en la iglesia de San José, se adoptó por Titular mariana a una imagen de Virgen que había pertenecido a una Sagrada Familia datada en el siglo XVIII, consiguiéndose salvar la cabeza y la mano derecha en la destrucción a la que se vio sometida dicho templo en los días 11 y 12 de mayo de 1931(xx).

La prensa local de los años sesenta, apuntaba -aunque sin apoyatura documental- que la hechura se hallaba en el coro y, según decía, había sido tallada por un escultor francés en el siglo XVII, teniendo un privilegio: quien le rezara tres avemarías conseguiría cien días de indulgencias(xxi).

Es una evidencia que la imagen sufriera daños y no quedara destruida en 1931. No es el único caso conocido. Existe, por ejemplo, el de la Virgen de Consolación y Lágrimas de la Archicofradía de la Sangre, de la que se salvó milagrosamente la cabeza(xxii). Pero lo que, desde luego, no creemos -y se trata solo de una teoría a falta de fuentes escritas que la ratifique-, es que en 1933 la Cofradía comenzara a gestarse y encargara a José Navas-Parejo Pérez la restauración de la talla(xxiii). Si los cofrades de las Penas no llegaron a la iglesia de San José hasta 1936, ¿cómo es posible que ya tuvieran esta imagen? Puede ser más creíble que en su establecimiento canónico en dicho templo tomaran para sí la imagen y pasara de ser una Virgen Gloriosa a Dolorosa.

Por lo que se puede apreciar, este asunto no está nada claro así que habrá que esperar a la aparición o localización de nuevas noticias aclaratorias.

Afortunadamente, y antes de que se produjera la segunda embestida a los edificios del estamento eclesiástico en los días previos al estallido de la contienda civil, la Virgen fue sacada del templo a tiempo y escondida en algún lugar(xxiv). La Cofradía, presidida aún por Julio Alfaro Martín, quedó suspendida(xxv).

Reorganización de la Cofradía: La Posguerra

Los hermanos de las Penas tras el periodo bélico hubieron de partir prácticamente de la nada. Salvo la imagen de la Virgen, nada restaba del pequeño patrimonio conseguido desde su fundación en 1935. En el verano de 1938, la Cofradía regularizó las Juntas de Gobierno. En la celebrada el 17 de julio de ese año, el recién nombrado hermano mayor, Juan Corral Barrera, efectuó una declaración de principios sobre los logros más inmediatos a conseguir:

“El objeto de la misma, (...) no es otro que el deseo vivísimo de procurar el engrandecimiento y consolidación de la Cofradía y recabar el concurso decidido y eficaz de todos los hermanos, en deseos fervientes de sostener un constante culto a nuestros Sagrados Titulares y procurar (...) sacarlos procesionalmente en la próxima Semana Santa con el esplendor debido, contribuyendo de esta manera al engrandecimiento del culto externo y el prestigio y realce de la Semana Santa malagueña”(xxvi).

Por esas fechas, en que todo estaba por hacer, lo prioritario era habilitar nuevamente la iglesia de San José al culto. Las reparaciones fueron costeadas por la Cofradía y contó con la ayuda institucional de la Diputación de Málaga, que donó la puerta de entrada del pequeño templo(xxvii).

Mientras finalizaban las obras, la imagen de la Dolorosa de las Penas estuvo depositada en la casa de Asunción Ibancos de Torres, esposa de Francisco García Alted, gobernador civil de Málaga(xxviii). Para entonces, la segunda imagen del Santísimo Cristo estaba siendo ultimada en Granada, y urgía trasladarla a Málaga: “Se acordó dar las gracias a la Casa Moro por haber cedido generosamente los derechos de transporte, por camioneta, desde Granada a Málaga, de nuestro Sagrado Titular el Cristo de la Agonía (…).Los hermanos de las Penas pidieron al imaginero que la obra fuera copia del anterior para mantener la iconografía del Cristo de Limpias. La talla fue costeada por el Cuerpo de Carabineros de Málaga.

Una vez en nuestra ciudad, esta efigie del crucificado de la Agonía, realizada por José Martín Simón, fue depositada en la casa de Mercedes Camacho a la espera de su bendición.

Otra meta inmediata era conseguir un local que sirviera de Casa Hermandad. Entre tanto, las primeras reuniones se celebraron en el domicilio de Alberto Torres de Navarra Jiménez, conocido cofrade de El Rico y entusiasta colaborador en cualquier iniciativa cofrade(xxix).

Al poco tiempo, la Cofradía tuvo un local en la calle Casapalma nº 4, capaz para albergar la secretaría, tesorería, contaduría y Sala de Juntas, cuyo alquiler ascendía a 25 pesetas mensuales(xxx).

La nueva Junta de Gobierno se propuso normalizar lo antes posible la vida y funciones de la Cofradía. En primer lugar, estimó conveniente solicitar el ingreso en la Agrupación de Cofradías de Semana Santa(xxxi) y, al mismo tiempo, comenzó a trabajar para que la primera salida procesional fuese una realidad. Para tal efecto se designó una comisión que viajase a “Granada para visitar a escultores y obtener proyectos y presupuestos de los tronos que se precisan adquirir para los pasos procesionales de nuestros sagrados titulares”(xxxii). La citada comisión volvió de la ciudad vecina entusiasmada con el proyecto “(...) del escultor Sr. Cano, que merecieron justos elogios, tanto por su arte, sobriedad y estilo; como por los precios señalados por los mismos; que atendiendo a los diseños resultan verdaderamente económicos”(xxxiii). Pese a la buena acogida que éste tuvo, el estado pecuniario de las arcas de la Hermandad hacía inviable realizarlo a corto plazo.

Los meses fueron pasando y la Semana Santa de 1939, a pesar de los deseos de los cofrades de las Penas, no fue el del bautizo procesional de la misma. La situación y los problemas de dinero fueron la causa principal. La iglesia de San José todavía estaba en rehabilitación y era la destinataria de los ingresos que se recaudaban.

A principios de 1940, se reabrió San José al culto(xxxiv). Para que presidiera la iglesia, la Cofradía adquirió una imagen de este santo cuyo coste ascendió a 1.000 pesetas(xxxv). Alcanzado ya el logro más importante, la siguiente meta sería el ingreso en la Agrupación de Cofradías. Pero ésta tardaba en producirse por oposición de algunos miembros de la corporación, que en más de una ocasión lo abortaron amparándose en que antes debían ser aprobados los estatutos por el prelado Santos Oliveira.

Con la flamante capilla recién estrenada, la cofradía al estar imposibilitada para celebrar la ansiada procesión de Semana Santa, organizó como alternativa una serie de actos marcados por el espíritu reinante en aquella época. A imitación de otras instituciones cofrades, los directivos solicitaron del coronel del Cuerpo de Carabineros una guardia permanente en sos días para custodiar la imagen del Crucificado, expuesto en solemne besapiés los días del Jueves y Viernes Santo.

La inquietud procesionista de los hermanos llevó a contactar con el artista Francisco Palma Burgos. Estos primeros encuentros se materializaron con unos proyectos de tronos, cuya ejecución se presupuestaba en unas 175.000 pesetas. El proyecto, aunque nunca fue realizado, debió ir más allá de la utopía porque la Junta no sólo nombró a Palma, sino que también se dispusieron normas para los pagos y los señores que tramitarían todo lo concerniente a este asunto: Sarriá, Torres de Navarra Jiménez, Padilla y Gálvez.

En el mes de abril de 1940, la cofradía de las Penas barajó la posibilidad de hacerse con una antigua imagen que poseían las religiosas del Convento de las Clarisas, a través del teniente hermano mayor, Alberto Torres de Navarra. Sin embargo, el Obispo intercedió en aquellas negociaciones disponiendo que el crucificado en cuestión presidiera una capilla en la Catedral dedicada a las víctimas de la guerra. El que pudo ser el Cristo de la Agonía, es actualmente el Crucificado de la Victoria atribuido a Alonso de Mena. (Más información en Antiguos Titulares)

No se tiene constancia escrita de la vida de la cofradía del período comprendido entre el verano de 1940 y finales de 1941, al no existir actas.

En abril de 1942 ya se contaba con unos Estatutos aprobados y estaba reconocida oficialmente a todos los efectos. Estas Reglas eran sencillas y escuetas, en líneas parecidas a las que regían en otras hermandades por esa época. Dentro de lo llamativo hay que destacar que los cargos de la Junta se fijaron en 20, exceptuando “un número ilimitado de Diputados”. Se imponía como condición para participar en la procesión ser hermano, con la recomendación expresa de vestir la túnica o bien en la iglesia “o desde las casas respectivas (...) Por el camino más corto y sin penetrar en establecimiento público (...)”(xxxvi). En estos Estatutos, curiosamente, no se especificaba qué día de la Semana Santa debía la Cofradía procesionar, ni los colores de los hábitos penitenciales. Sí figuraba explícitamente la obligación de participar en la procesión del Resucitado, que desde el año 1921 era un requisito indispensable para todas las cofradías agrupadas(xxxvii).

Cuando se redactaron y aprobaron las Reglas, la Hermandad de las Penas aún no había ingresado en la Agrupación de Cofradías, aunque el propósito era hacerlo cuanto antes. De hecho, en el Cabildo celebrado el 19 de abril de 1942, se acordó “(...) el ingreso inmediato (...) y se nombra los representantes de la Hermandad en ese organismo (...)”(xxxviii).

Primera Estación de Penitencia y sucesivas. El manto de flores.

En las actas de la Cofradía de 1943 se trasluce, de manera muy expresiva, la ilusión de los componentes por efectuar la primera salida procesional. La Junta de Gobierno se planteó, en un principio, pedir prestado el trono de la patrona de Alhaurín El Grande, Nuestra Señora de Gracia, o el de María Auxiliadora, propiedad de los Salesianos de San Bartolomé, pero se decidió finalmente por encargar una mesa y palio al maestro Matito, el mismo que había realizado la nueva devanadera de la Virgen de las Penas cobrando 550 pesetas(xxxix).

El ingreso de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Agonía y María Santísima de las Penas en la Agrupación de Cofradías se verificó el 26 de febrero de 1943(xl)..

Uno de los requisitos inmediatos a presentar en la Agrupación fue el itinerario a recorrer por la Cofradía en su primera salida procesional. La Junta de Gobierno sopesó con todo cuidado este tema, de hecho incluso se llegó a calcular la duración del recorrido, estimado en cinco horas. La pequeñez del establecimiento canónico impedía salir desde el interior, por lo que se consiguió el permiso oportuno para montar un tinglado en la cercana calle Niño de Guevara(xli)..

Hasta el último momento se hizo lo indecible por procesionar los dos Titulares. Finalmente se optó por la Virgen. Se dispuso que su indumentaria fuera para la ocasión “vestido blanco y manto negro”(xlii)..

El día fijado por la Agrupación para que la Cofradía hiciera la salida procesional en 1943 fue el Lunes Santo. Debía haber sido la primera en pasar por el recorrido oficial, pero una serie de inconvenientes originaron que desfilara la última(xliii).. La prensa local recogió con todo detalle todos los pormenores de la novel Hermandad:

“El orden de la religiosa comitiva era el siguiente: Guardia municipal montada, en traje de gran gala; sección del cuerpo de bomberos; banda de tambores y cornetas del Regimiento número 8; frente de procesión con cruz guía, bastones cetros, bocinas y mazas. A continuación largas filas de penitentes portando hachones de acetileno y luciendo túnicas blancas y capirotes negros. Los bastoneros y campanilleros vestían túnica y capirote blancos y capa de seda negra. Detrás marchaba sobre un artístico trono de flores naturales, que llamó poderosamente la atención, la venerada imagen de María Santísima de las Penas, cuyo trono iba escoltado por números del benemérito cuerpo de la Guardia Civil. A continuación la presidencia oficial y cerrando marcha la banda de música del Frente de Juventudes”(xliv)..

La primera salida constituyó todo un éxito. En palabras de los cofrades de las Penas “los comentarios que oficial y particularmente se hacen (...) son altamente satisfactorios y de todas partes se reciben palabras de congratulación y plácemes, exponente claro de la buena impresión causada”(xlv)..

Transcurridos los meses llegó la Semana Santa de 1944 en la que la Hermandad mantuvo el día de salida, pero haciendo cambios en el itinerario(xlvi).. Se procesionó de nuevo a la imagen de la Virgen -y así continuó hasta 1946- y se estrenaron veinte bastones largos, cinco cortos, seis campanas, cuatro mazas, cuatro bocinas, doce barras de palio, una campana de trono, unos paños bordados y el palio de malla de plata. Sin embargo, la gran novedad de la Cofradía estuvo centrada en el manto de flores naturales que lució la Virgen, confeccionado bajo la dirección del Jardinero Mayor del Parque, Alfonso Cruz, y que medía ocho metros. Mucha leyenda ha generado este estreno. En parte porque no hay constancia escrita sobre tal cuestión, ni siquiera en las actas de la propia Hermandad. Tampoco nos ha llegado testimonio de algún hermano que hubiera vivido los acontecimientos de esa fecha. Siempre se ha explicado que el manto de flores nació por pura necesidad, al no tener la Cofradía medios suficientes para costear un manto de terciopelo. ¿Pero era esto así? Por lo que sabemos la situación económica no era deficitaria y la prueba está en todos los estrenos logrados para la Semana Santa de ese año, así como los equipos que se adquirieron para los nazarenos.

Ciertamente en la postguerra se generalizaron los tronos hechos con flores siempre con carácter provisional, pero no había, hasta el estreno de las Penas, ningún antecedente de un manto confeccionado de este modo. Pudiera ser que se adoptara esa solución hasta conseguir el definitivo de terciopelo bordado, o bien simplemente como un intento de crear un rasgo diferenciador, por otra parte tan propio de la Semana Santa de Málaga.

Significativamente en la prensa de ese año se publicaba que el coste en flores de las procesiones rondaba globalmente las cien mil pesetas, y se especificaba:

“(...) la Agrupación de Cofradías y, en general, todas las hermandades, saben de la importancia que tienen las flores (...) se gastan cantidades verdaderamente enormes, (...) de un año para otro los presupuestos (...) son cada vez mayores... el gasto por la Agrupación asciende a 20.000 pesetas (...) se puede calcular en dos o tres mil más lo que gastan cada Cofradía (...) Hay que tener presente que esto es solamente un promedio. Hubo cofradías que gastaron el año pasado más de 25.000 pesetas en flores como la Esperanza y la Expiración, y otras como las Vírgenes de las Penas y el Rocío, que los tronos o palios ERAN TAMBIÉN DE FLORES A PRECIOS MUY ELEVADOS (...)”(xlvii)..

Hasta este momento la protagonista de la Hermandad fue casi exclusivamente la Virgen. La nueva imagen del Cristo de la Agonía, de José Gabriel Martín Simón (1938) que sustituía a la de Matot, permanecía a la espera de que la Junta de Gobierno se decidiera a procesionarla.

En la Semana Santa de 1945 no se registraron especiales novedades. Tanto el itinerario como el desarrollo de la procesión fueron similares al año anterior, y el manto se hizo con flores. Sí cabe reseñar el aparato luminotécnico con el que se dotó el trono de la Virgen. Se instalaron para iluminarlo nada menos que tres reflectores, setenta y cinco bombillas y un aro luminoso en la cabeza de la imagen a semejanza del tradicional de la Dolorosa de Servitas(xlviii)..

En los meses siguientes, se buscó una solución definitiva al manto de la Virgen. Ya en enero de 1946, los directivos discutieron sobre el tema “después de un amplio cambio de impresiones acordándose suspender lo que se aceptó como solución transitoria y que en el presente año la Virgen de las Penas luzca un manto de terciopelo negro”(xlix)..

Si está claro que todo el empeño de la Junta de Gobierno era la adquisición de un manto de terciopelo para la Virgen y que, en ningún momento, se planteó siquiera mantener el de flores. Fue una contrariedad, pese a los esfuerzos realizados, el no poder lograr ni dentro ni fuera de Málaga la cantidad de metros de tela necesaria para el manto(l).. Por esa razón, el pueblo pudo contemplar de nuevo a la Virgen con su atuendo floral, concretamente y como se puntualiza en las actas con un manto “de claveles”.

En el año 1947, se produjeron dos acontecimientos: por un lado, la primera salida procesional del Santísimo Cristo; y por otro, el que la Dolorosa luciera un manto de terciopelo verde bordado en oro, del que se desconoce la autoría(li)..

Al año siguiente, la Virgen de las Penas salió por primera vez el Martes Santo y lució un manto de azahar, pues el que estaba siendo confeccionado por las monjas de los Santos Ángeles Custodios, no se encontraba aún concluido.

La Junta de Gobierno hizo realidad en 1949 su deseo de tener un manto bordado en oro sobre terciopelo verde. El diario “Sur” se refirió al manto en la crónica de los desfiles procesionales del Martes Santo de esta forma tan escueta: “El manto de la Virgen de terciopelo bordado, ha llamado poderosamente la atención”(lii)..

A finales de ese año, la Directiva se reunió para tratar el tema del manto de la excelsa Titular. Los partidarios del de flores habían ganado, para entonces, tantos adeptos que forzaron una votación, consiguiendo por mayoría, el propósito de volver a él. En efecto, en la Semana Santa de 1950 se levantó bastante expectación por ver a la Virgen con el manto de flores. Desde entonces, María Santísima de las Penas en la Semana Mayor lo ha lucido con diferentes diseños(liii)..

En 1957 el manto de terciopelo se vende a la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Columna de Daimiel.

La década de los años cincuenta fue pródiga en estreno de nuevos enseres y en el otorgamiento de honores y distinciones. El maestro bordador, don Leopoldo Padilla Vic interviene en la hechura del palio que concluiría en 1952 con el bordado exterior, así como el paño del Senatus y el Sinelabe. Igualmente, realiza los ocho paños de bocina, los cuales se realizan prácticamente al mismo tiempo y de trazas cuasi idénticas a los que posee la Congregación de Mena.

En 1955 se impone al torero malagueño Manolo Segura el escapulario de oro.

En 1958 se nombra camarera de Honor a la señorita Beatriz Lodge.

En 1959 se nombraría a la Escuela de Peritos Industriales de Málaga como Hermano Mayor Honorario, portando los alumnos de dicha Escuela las andas del Santísimo Cristo de la Agonía en la Semana Mayor de ese año.

Sustitución de la Imagen Titular de María Santísima de las Penas

Una serie de cambios -principalmente en lo referente a la estética procesionista- se produjeron en la Hermandad en la década de los años sesenta. En efecto, ello pudo ser debido a la llegada de un grupo de cofrades procedentes de la Hermandad de la Cena e integrado por, entre otros, Jacinto Torres y Juan Ramírez. Surgieron nuevas ideas que iban a incidir en el patrimonio imaginero de la corporación. El gran precursor de la asunción de esta nueva tendencia estética fue sin duda alguna don Juan Casielles del Nido. En el otoño de 1964, se bendijo la nueva efigie de María Santísima de las Penas. Ésta fue una cuestión muy espinosa que creó una verdadera controversia en el seno de la Hermandad por el apego de un destacado número de directivos y hermanos a la antigua imagen. Pese a ello, esta decisión fue llevada adelante, encargándosele la talla al imaginero sevillano Antonio Eslava Rubio.

La talla de Eslava Rubio llegó a Málaga y se bendijo el 23 de octubre de 1964 en la capilla de San José durante el transcurso de una ceremonia que ofició el padre Manuel Gámez, quien durante la homilía hizo saber la comunión de la Iglesia con las bellas artes y la predisposición de ésta a buscar constantemente el decoro y la belleza artística de las imágenes sagradas. El acto finalizó con el canto de la salve, seguida de un devoto besamanos. La Virgen fue vestida para la ocasión por Casielles y el propio sacerdote, luciendo saya blanca en tela de tisú, con bordados de Esperanza Elena Caro, manto celeste perteneciente a la cofradía del Monte Calvario, y corona sobredorada, propiedad de Manuel Gámez, quien años más tarde la donaría a la citada corporación del Viernes Santo.

La Virgen de Eslava sale por primera vez el 13 de abril de 1965, Martes Santo, desde el tinglao que se montaba en calle Niño de Guevara, en las inmediaciones de la capilla de San José.

Los periódicos locales, el “Sur” y “La Tarde”, y el “Ideal” de Granada en su sección de Málaga, recogían la noticia de la bendición de la nueva imagen de la Virgen de las Penas. El primero de los diarios reseñados anunciaba que:

“Esta Venerable Hermandad invita a todos los cofrades y devotos a la solemne bendición de la nueva imagen de María Santísima de las Penas, acto que tendrá lugar (D. m.) en la iglesia de San José (calle Granada), el próximo jueves, día 22 a las ocho de la noche. A continuación se cantará solemne Salve a María Santísima de las Penas, seguido de besamanos”(liv)..

Sin embargo, de los tres periódicos antes citados sólo uno, el “Ideal”, informaba sobre la ceremonia de la bendición y publicaba una fotografía del acto. Según parece, y por los datos facilitados en su edición del día 24 de octubre, la imagen fue bendecida el 23 y no el 22 como se anunciaba:

“En la iglesia de San José, donde radica la Hermandad del Santísimo Cristo de la Agonía y María Santísima de las Penas de cuya Cofradía es hermano mayor el Cuerpo de Obras Públicas, se bendijo ayer, por el beneficiado de esta Santa Iglesia Catedral don Manuel Gámez, una nueva imagen de la Virgen de las Penas, que en Semana Santa luce un tradicional manto de claveles”(liv)..

En la Semana Santa de 1965, la Virgen de Eslava salió por primera a la calle sobre un nuevo trono de procesión, realizado por el orfebre sevillano Manuel Villarreal. La referencia que de Ella hizo la prensa local fue ésta:

“La imagen de María Santísima de las Penas, nueva y valiosa talla del escultor sevillano, señor Eslava, tuvo un recorrido triunfal. Si siempre sus hermanos supieron revestirla de arte, gracia y belleza, anoche se superó todo esto unido a los vítores y aplausos que mereció. (...)”(lvi)..

Por otra parte, la estrecha relación profesional y personal surgida entre Juan Casielles y Manuel Villarreal en los comienzos de la década va a propiciar la ejecución de casi todas las insignias de la cofradía, el paso de la Virgen, las potencias del Cristo y los faroles que por entonces llevaba en los arbotantes el paso del Señor.

1. Gran parte del contenido extraído de la antigua página web de la Hermandad de las Penas. CAMINO ROMERO, ANDRÉS., “La Virgen de las Penas: Visión histórica de una Dolorosa de la Semana Santa de Málaga”. Congreso Nacional sobre la Advocación de las Penas. Córdoba – Octubre de 2005.
i. Las cofradías participantes en la sesión constituyente fueron: la del Rico, la de la Sangre, la del Nazareno del Paso, la del Sepulcro, la de la Misericordia, la de la Puente del Cedrón, la de la Expiración, la de Azotes y Columna, la de la Soledad de San Pablo, la de la Exaltación, la del Mayor Dolor, la de la Oración en el Huerto, la de la Pollinica y la de la Victoria.
ii. Para una mayor información sobre esta entidad, recomendamos la consulta de: FERNÁNDEZ BASURTE, F., (coord.), 75 años de la Agrupación de Cofradías (1921-1976). Estudio histórico sobre la Agrupación de Cofradías de Semana Santa de Málaga, Málaga, 1997.
iii. Revista La Saeta, órgano oficial de la Agrupación de Cofradías de la Semana Santa de Málaga.
iv. CLAVIJO GARCÍA, A., La Semana Santa malagueña en su iconografía desaparecida. 500 años de plástica cofradiera, tº I, Málaga, 1987, pp. 123 y 134.
v. La Unión Mercantil, Málaga, 9 de junio de 1935. La nueva Junta Directiva quedó constituida así: director espiritual, Domingo López; segundo hermano mayor, Julio Alfaro Martín; camarera mayor general, Mercedes Camacho Peralta; camareras honorarias, señoritas María Casamayor Sobral y Josefa Casamayor Sobral; secretario, Manuel Gutiérrez de la Rosa; vicesecretario, Jaime Pérez de Aguilar; tesorero, Francisco Pérez Tobal; contador, Antonio Ballesteros Sencianes; vicecontador, José Lavado Ariza; archivero fiscal, Pedro Martínez Temboury; mayordomo, Julio Cames Gómez; albaceas de culto y procesión, Antonio Rojo Carrasco, Manuel Merelo Ramírez y Ramón Asensio Guerrero; vocales, José Luis Nieto Bautista, Eulogio Bravo Espinosa, Juan Montañez Fernández, Luis Herrero Aguado, Manuel García Santos, Antonio Bellido Morales, Miguel Moreno Ortega, Joaquín García Ramírez de Arellano, Miguel Aranda Sánchez, Juan Padilla Moreno, Emilio Oliva Pinteño y José Guerrero Curiel; asesor artístico y consejero, Eduardo Marcelo Gutiérrez; asesores consejeros, Félix de Torres Cano, Baldomero Alfaro Milán y Francisco de Asís Santos. En esta Asamblea se aprobaron también los directivos que habrían de acudir a la entidad agrupacionista: Julio Alfaro Martín, Jaime Pérez de Aguilar y José Luis Nieto Bautista.
vi. El Jueves Santo: por la mañana, la Cofradía de Nuestro Padre Jesús a su entrada en Jerusalén y la Cofradía de la Sagrada Cena Sacramental de Nuestro Señor Jesucristo; y por la tarde, la Cofradía del Santísimo Cristo de Ánimas de Ciegos y Nuestra Señora del Mayor Dolor y la Cofradía de Nuestro Padre Jesús “El Rico” y María Santísima del Amor. El Viernes Santo: por la mañana, la Cofradía del Santísimo Cristo de la Expiración y María Santísima de los Dolores y la Cofradía de María Santísima de la Amargura (Zamarrilla); y por la tarde, la Cofradía del Santísimo Cristo del Amor y la Cofradía de Nuestro Padre Jesús del Santo Sepulcro y Nuestra Señora de la Soledad. El Domingo de Resurrección: el Santísimo Cristo Resucitado, Titular de la Agrupación de Cofradías (La Unión Mercantil, Málaga, 19 y 20 de abril de 1935).
vii. La Unión Mercantil, Málaga, 9 de junio de 1935.
viii. GARCÍA DE LA LEÑA, C., Conversaciones históricas malagueñas, tº IV, Málaga, 1789, edición facsímil 1981, pp. 132-136.
ix. Archivo Díaz de Escovar (ADE), caja 298.
x. ADE, leg. 14, pza. 6.
xi. Diario de Málaga, Málaga, 10 de enero de 1936.
xii. Ibídem, Málaga, 11 de abril de 1936.
xiii. CLAVIJO GARCÍA, A., op. cit., p. 133.
xiv. La Unión Mercantil, Málaga, 19 de abril de 1935.
xv. Ibídem, Málaga, 18 de junio de 1935.
xvi. Diario de Málaga, Málaga, 1 de octubre de 1935.
xvii. ESCOLAR GARCÍA, J., Memorables sucesos desarrollados en Málaga. Un reportaje histórico, Málaga, 1931, p. 58.
xviii. Archivo del Cabildo Catedral de Málaga, Boletín Oficial Eclesiástico del Obispado de Málaga nº 10, Málaga, 1934, pp. 252-262.
xix. Archivo de la Subdelegación del Gobierno, caja de hermandades y cofradías.
xx. CLAVIJO GARCÍA, A., op. cit., p. 124.
xxi. Sur, Semana Santa 1965.
xxii. CABELLO DÍAZ, Mª. E. y CAMINO ROMERO, A., Consolación y Lágrimas. 75 años de historia, Málaga, 2004, pp. 130 y 131.
xxiii. CLAVIJO GARCÍA, A., op. cit., p. 124.
xxiv. Sobre este particular existen varias versiones orales, a las que concedemos las oportunas reservas. Pero sí es bien cierto que la imagen de la Dolorosa de las Penas en esta ocasión no sufrió daños.
xxv. CLAVIJO GARCÍA, A., op. cit., p. 123.
xxvi. Archivo Histórico de la Cofradía de las Penas (AHCP), lib. de actas de Junta de Gobierno, 17 de julio de 1938, fol. 1.
xxvii. Ibídem, fols. 1-2.
xxviii. Ibídem, fol. 2.
xxix. Ibídem, fols. 1-2 v.
xxx. Ídem.
xxxi. Ibídem, fol. 2 v.
xxxii. Ibídem, fol. 5 v.
xxxiii. Ídem.
xxxiv. Sur, Málaga, 7 de enero de 1940.
xxxv. AHCP, lib. de actas de Junta de Gobierno, 16 de noviembre de 1939, fol. 12 v.
xxxvi. La Hermandad se rigió durante 35 años con estos Estatutos, hasta que en marzo de 1977 fueron renovados.
xxxvii. AHCP, lib. de actas de Cabildos, 19 de abril de 1942, fols. 2-4 v.
xxxviii. Fijos: Alberto Torres de Navarra Jiménez, Julio España Arrabal y Salvador Moreno Palacios. Suplentes: Augusto Torres de Navarra Arias, Antonio García Sánchez y Antonio Rojo Carrasco (Acuerdo tomado en Cabildo de 19 de abril de 1942, fols. 2-5).
xxxix. AHCP, lib. de actas de Juntas de Gobierno de 3 de marzo de 1943, fol. 37 v.
xl. Archivo Agrupación de Cofradías, lib. de actas de Juntas Generales, 26 de febrero de 1943, fols. 288 y 289. La Hermandad se convirtió en la segunda Corporación nazarena en ingresar tras la guerra civil y la número 27 de la totalidad de fraternidades agrupadas.
xli. AHCP, lib. de actas de Juntas de Gobierno, 5 de marzo de 1943, fol. 38.
xlii. Ibídem, fechado el 29 de enero de 1943, fol. 34 v.
xliii. CAMINO ROMERO, A., “Miradas a la historia cofrade”, La Saeta (edición de Otoño) nº 32, Málaga, 2003, pp. 82 y 83.
xliv. Sur, Málaga, 20 de abril de 1943. El itinerario procesional fue el siguiente: Granada, plaza de la Merced, Álamos, Carretería, Puerta Nueva, Cisneros, Especerías, Nuevas, Puerta del Mar, Acera de la Marina, Larios, plaza de José Antonio, Granada, plaza del Siglo y Granada.
xlv. AHCP, lib. de actas de Juntas de Gobierno, 27 de abril de 1943, fol. 42.
xlvi. Granada, Méndez Núñez, plaza de Uncibay, Casapalma, Cárcer, Álamos, Carretería, Puerta Nueva, Pasillo de Santa Isabel, Cisneros, Especerías, Nueva, Puerta del Mar, Alameda, Larios, plaza de José Antonio, Granada, plaza del Siglo y Granada.
xlvii. Sur, Málaga, 15 de marzo de 1944.
xliii. AHCP, lib. de actas de Juntas de Gobierno, 26 de marzo de 1945, fol. 68 v.
xlix. Ibídem, fechado el 28 de enero de 1946, fol. 76 v.
l. Ibídem, lib. de actas de Cabildos, 13 de marzo de 1946, fol. 56.
li. Sur, Málaga, 1 de abril de 1947.
lii. Ibídem, Málaga, 13 de abril de 1949.
liii. CAMINO ROMERO, A., “Un vergel de trono para la reina de San Julián”, Sur, Málaga, 10 de abril de 2001.
liv. Sur, Málaga, 21 de octubre de 1964.
lv. Ideal, Granada, 24 de octubre de 1964.
lvi. Sur, Málaga, 14 de abril de 1965.

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