Entorno (1)

“¡Oh ciudad, no en la tierra!”
VICENTE ALEIXANDRE

Desde 2008, la hermandad de las Penas se encuentra radicada en el nódulo histórico de callejuelas que conforman la collación de Pozos Dulces, espacio que ha permanecido hasta hace pocos años en el más absoluto de los ostracismos, a pesar de tratarse de un territorio intramuros anejo a la antigua muralla de la ciudad donde en cada esquina palpitan las huellas de la primera ciudad cristiana anudada a un felicísimo entramado musulmán, de los que ciertamente pocos quedan en Málaga y, que para mayor incomprensión, se sitúa a pocos pasos de la vibrante, comercial y noble zona edilicia decimonónica conformada fundamentalmente por la calle Marqués de Larios, Granada o Plaza de la Constitución.

El tejido viario en el que se asienta la Hermandad conforma una estructura anular formada por las calles Arco de la Cabeza, Andrés Pérez y Pozos Dulces teniendo como centro la plaza vulgarmente llamada “del Pericón”.

El entorno se desarrolla y consolida en el siglo XVI en el recinto intramuros a espaldas de la antigua muralla medieval que protegía a la ciudad con sus torres y almenas. De las siete puertas que la perforaban una, la de Antequera, que aún existía en el siglo XIX y que hoy situaríamos frente al actual Pasaje de Gordón, canalizaba el acceso y salida a los arrabales de Poniente por la calle Arco de la Cabeza, calle bautizada así a mediados del dieciocho a propósito de una curiosa leyenda alrededor de una imagen de la Virgen de la Cabeza venerada en una pequeña capilla bajo los arcos de la citada puerta. Esta calle, con algunas modificaciones en sus alineaciones originales, no es otra cosa que el viejo camino de ronda a la sombra de la muralla, de la que son visibles varios fragmentos, —alguno recientemente reinterpretado—, sirviendo sus paños de apoyo y fundamento a las casas de la acera derecha de calle Carretería, que a su vez ocupa el lugar del antiguo foso extramuros. El fuerte dinamismo visual del trazado de Arco de la Cabeza debió finalizar en la actual plaza de san Pedro de Alcántara, pero la feliz operación de apertura de la calle Andrés Pérez a Carretería a mediados del siglo XIX, de la que se hablará a continuación, la dividió en dos, pasando el segundo tramo a llamarse calle Muro de las Catalinas.

El antiguo convento de las Religiosas Dominicas de la Divina Providencia, llamado de las Catalinas en referencia a la santa bajo cuya advocación se pusieron a finales del siglo XVIII la iglesia y el propio convento, actúa de charnela entre la calle Arco de la Cabeza y la de Pozos Dulces siendo el elocuente muro casi ciego que lo cierra a la primera de las calles citadas un poderoso elemento de gran potencia visual que ejerce de sosegado contrapunto al complejo lenguaje de paños, huecos y cerrajería de la interesante arquitectura doméstica que conforma el resto de la calle; la poética pared tras fluir con elegancia vuelve a la derecha transformándose en portada neoclásica del conjunto religioso y articulando de forma tan simbólica como eficaz la conexión entre las vías citadas. Este muro barroco, sin duda, o quizá junto con los vestigios del sistema defensivo, es pieza clave para entender e interpretar la estructura urbana del sector. Su protagonismo histórico y sobre todo plástico es indiscutible de modo que no es de extrañar que la calle Arco de la Cabeza a partir del convento cambie de denominación tomando el nombre de esta pieza arquitectónica.

Como se acaba de decir, la iglesia abre el itinerario de la calle de Andrés Pérez (no hay acuerdo sobre la identidad del personaje) que, con su escasa anchura, su recorrido serpenteante alterado por las acometidas de calles y callejones y sus espléndidos cierros barrocos conserva el mismo perfil comercial que debió tener en el siglo XVIII. Cuando en 1864 el Ayuntamiento ordenó derribar dos casas de la calle Arco de la Cabeza y con ello conectar Andrés Pérez a la ronda de Carretería, la calle adquirió un inusitado protagonismo en el plan viario de la ciudad al proveer al centro de un cómodo acceso desde los arrabales de poniente.

Esta circunstancia sigue siendo hoy perfectamente funcional y se reconoce por su animada actividad peatonal en las horas comerciales.

Aproximadamente a la mitad de su recorrido desemboca la calle Pozos Dulces. Su nombre se conserva desde el siglo XV y probablemente alude a las fuentes de agua con las que regaban los huertos conventuales. Esta vía se descompone en dos tramos de desigual trazado y distinta actividad. El inmediato a Andrés Pérez participa en cierto modo de las mismas características tipológicas, aún acentuadas, pues si una es angosta, algunos tramos de ésta no superan el metro y medio. El tratamiento del espacio en estas callejuelas, que son hoy el testimonio de aquel urbanismo medieval articulado a partir de las circunstancias climatológicas por un lado y de la organización edificatoria y comercial por otro, es un importante valor añadido a la experiencia de un paseo propenso a los hallazgos perspectivos, las sorpresas visuales, los juegos de luces y sombras y, sobre todo al disfrute de una escala a la medida del ciudadano, al que se invita al paseo reposado y ajeno al vértigo de la actividad cercana.

El segundo tramo conecta al sector con el centro consolidado y burgués representado aquí por la calle Compañía. A ella desemboca tras explayarse en una curva donde genera un pequeño aunque interesante espacio, una calle muy distinta a la que de acaba de describir: notable anchura, magníficos edificios de la mejor arquitectura del XIX y bares y comercios de cierta entidad.

Las actuaciones de higiene y esponjado de la trama urbana del sector han generado dos plazas: la que ahora nos conviene citar fue antes la propia calle Pozos Dulces que, avanzando hasta Arco de la Cabeza cerraba el anillo y que actualmente es la Plazuela Virgen de las Penas donde se halla radicado el nuevo Oratorio y Casa de Hermandad de la corporación del Martes Santo y que surge al derribarse todo el conjunto de casas que conformaban el último tramo de Arco de la Cabeza que confluía con Pozos Dulces. Hoy es un espacio de notables dimensiones ennoblecido por la presencia de un importante paño de muralla, lastimosamente rematado por las estridentes traseras de algún edificio de calle Carretería, fuera no ya de escala, sino de gusto y criterio. Por el contrario, la magnífica rehabilitación del antiguo Parador de San Rafael, obra del arquitecto Moreno Peralta, aportó inicialmente a la plaza una moderna fachada que ha sido ocultada posteriormente por la edificación construida a expensas de nuestra Venerable Institución nazarena.

Finalmente, el otro espacio de nueva creación es la plaza que, a falta de nombre, la llamaremos “del Pericón” como el callejón que la une al tramo estrecho de Pozos Dulces. Este sitio al que sólo fue necesario el derribo de algunas casas para conectarlo por el extremo opuesto a Arco de la Cabeza se ha convertido en un recinto de amables proporciones situado en el centro de gravedad del barrio.

La edificación del sector, generalmente en penoso estado, cuando no en clara ruina, es de interés y reclama con urgencia operaciones de rehabilitación.

Abundan las tipologías del siglo XVIII y en algún caso (como en el número 2 de Arco de la Cabeza), las fachadas se adornan con pinturas igualmente necesitadas de restauración. Como se ha dicho, la calle anterior recorre el viejo adarve, de forma que las casas se apoyan en los lienzos de la muralla ocultándola salvo en el espacio abierto que sirve de nexo entre Pozos Dulces y esta calle, donde queda aparente un buen tramo que debe consolidarse y protegerse para su puesta en valor. Salvo el hermoso muro del convento de las Catalinas que resuelve magistralmente el segundo tramo de Arco de la Cabeza, la portada de la iglesia de dicho convento en Andrés Pérez y el templo de la hermandad que se levanta en la plaza, no hay en el conjunto ningún hito destacable, siendo la homogeneidad tipológica y volumétrica su cualidad más evidente, si bien es cierto que rota por algunas brutales medianerías correspondientes a edificios arbitrariamente elevados en Carretería.

El conjunto de actuaciones llevadas a cabo sobre el entramado urbano están suponiendo la recuperación integral del espacio mediante un programa de intervenciones discreto con un repertorio voluntariamente limitado de elementos y operaciones.

Las actuaciones se han centrado fundamentalmente en el alfombrado de las calles con losas de granito “quintana”, la instalación de bancos en las plazas y ensanches a modo igualmente de bloques de granito, luminarias cúbicas sencillas y carentes de todo artificio estético, así como la inclusión de una propuesta física consistente en el uso de las paredes como vehículo de mensajes mediante la inclusión de frases que las ilustran, convirtiéndolos en estímulos culturales de significados intemporales y universales.

Edificios Próximos de Interés (2)

Iglesia y convento de las Dominicas, vulgo Catalinas • Andrés Pérez esquina a Arco de la Cabeza • 1787 • José Martín de Aldehuela (atribución) •

Edificio conventual que mantiene su uso. Tiene interés el emplazamiento de la iglesia, justo en un ángulo de la manzana y ofreciendo sus Fachadas a dos calles, pues de esta forma no sólo asume mayor monumentalidad sino que actúa como parapeto, con su mayor altura y volumetría, entre el mundo exterior y la clausura. La acusada estrechez de la calle ha obligado a retraer la Fachada del templo para permitir contemplar su interesante portada barroca, restando monotonía a su configuración al recrear un espacio delimitado entre la iglesia y la torre-mirador con la que forma ángulo recto. Las celosías que protegen los huecos superiores de la torre subrayan la función de permitir a las religiosas participar de las procesiones y actos públicos preservando su intimidad monacal.

Resultan curiosas las esquinas, resueltas en piedra mediante chaflanes en los que se han tallado en relieve motivos como la cruz dominica o el perro con la antorcha que alude a Santo Domingo de Guzmán. En el interior de la iglesia merecen destacarse la iconografía dominica presente en el presbiterio, la presencia del coro bajo, como corresponde a su tipología de iglesia conventual Femenina, y el movido perfil del coro alto, propio del barroco avanzado vigente en los años de su construcción.

La considerable extensión de la parcela obtiene luz y aireación a través de un conjunto de patios, de los que uno adquiere mayor monumentalidad al solventarse como claustro con arcadas sobre columnas.

Instituto de Turismo Andaluz. Antiguo parador de San Rafael • Compañía, 40 • 1847 / 1865 / 2003 (rehabilitación) • Cirilo Salinas Pérez / Salvador Moreno Peralta (rehabilitación).

El carácter neoclásico del arquitecto Cirilo Salinas trasluce en el diseño de esta elegante fachada, resuelta con pilastras de orden gigante y friso dórico y rematada con una hornacina que alberga la escultura de barro cocido que representa a un león, posible alusión alegórica a su promotor, León Bendicho, quien la mandó edificar en 1847. Se encuentra afectado por una servidumbre de paso a través de un túnel hasta el solar dispuesto tras esta crujía, dorado de un gran patio porticada necesario para la función de parador que desempeñó durante mucho tiempo. Las columnas de conglomerado que sustentan los arcos son reutilizadas)' procedentes, probablemente, de algún convento desamortizado. Temboury fijó su construcción hacia 1865 sobre el solar de la muralla de la ciudad, que en realidad había sido demolida en 1786, y aventuró la procedencia de las columnas del convento de la Merced, que fue demolido en 1873. Estas discordancias cronológicas denotan la necesidad de nuevas investigaciones sobre este edificio, interesante por su tipología y estética hasta ahora muy bien preservada, que el nuevo uso de la Consejería de Turismo ha venido a revalorizar.

Parroquia (3)

La cofradía, desde su traslado a San Julián en los años sesenta del pasado siglo, pertenece a la feligresía de la Parroquia de los Santos Mártires, Ciriaco y Paula, la cual engloba gran parte del centro histórico de la ciudad, lindando a su vez con las de San Juan, Santiago y San Felipe Neri.

La Iglesia parroquial de los Santos Mártires fue fundada por los Reyes Católicos en virtud del voto, que tenían hecho antes de la Reconquista, de establecer en Málaga el culto a los santos Mártires Ciriaco y Paula. Se levantó nueva desde los cimientos en 1491, dejando la reina en su testamento una considerable cantidad para la obra, que se erigió en 1505 como parroquia. La primitiva iglesia era mucho más pequeña, cubierta con armadura de madera, oculta hoy bajo la bóveda barroca, sufriendo diversas reformas, pero las ruinas que le causaron terremotos, incendios e inundaciones, hicieron preciso una restauración y ampliación, que se inició en 1767, acabándose diez años más tarde y con una decoración rococó muy profusa, que quedó convertida en una de las iglesias más lujosas de la ciudad.

Se encuentra situada en la Plaza de los Mártires, números 1 y 2. Datación histórica: Primera mitad siglo XVI (construcción) / 1747 (reformas) / 1767- 1777 (reformas y ampliación de la cabecera / 1938- 1947 (restauración) / 1999-2000 (restauración) • Antonio Ramos (ampliación de cabecera); Diego Muñoz, Cristóbal Granados, José del Castillo y Antonio de Alarcón (revestimiento de pilares formeros) ; José López (cantero) / Miguel Ángel Diaz Romero (restauración 1999).

La fuerte personalidad de este edificio religioso ya se adviene en su implantación en el parcelario urbano, en el que su considerable superficie sobresale de las alineaciones y adopta una orientación distinta que sugiere el seguimiento de directrices propias. El inicial aspecto gótico mudéjar del templo ha quedado reducido a la armadura que se conserva bajo la bóveda de cañón en la nave central, pues las reformas y ampliaciones que se acometieron durante el siglo XVIII definieron su nuevo estilo barroco y rococó. El exterior, sin embargo, en el que destaca su poderosa torre cuya estructura sigue la tradición mudéjar, contrasta en su sobriedad con la delicadeza decorativa de su interior.

Tal como hoy se encuentra la iglesia tiene tres naves más dos capillas entre contrafuertes, atrio y coro elevado a los pies y un amplio presbiterio trebolado, que pertenece a la ampliación de 1767. En efecto, la cabecera trebolada, poco frecuente en la ciudad, aporta una solución dinámica propia de esta época que resulta remarcada por la profusa y menuda decoración de yeserías, cuyo dorado resalta sobre el blanco de los paramentos interiores. La nave central, cubierta con bóveda de medio cañón con yeserías y lunetos que se amplían con molduras para disponer pinturas del siglo XVIII rodeadas por baquetones y rocalla, se separa de las laterales por pilares con pilastras corintias que voltean arcos de medio punto, reforzándose sus pedestales con mármoles polícromos. La unión de las naves laterales con el presbiterio se efectúa por sólidos arcos de medio punto sesgados, decorados con relieves de estuco, en molduras rococó que representan a la Virtudes. Crucero no existe, sino una nave transversal que forma el cuerpo trebolado con la capilla mayor y es la zona más decorada. En el centro se halla una bellísima cúpula con linterna decorada con medallones, lazadas y rocallas integrando pinturas y se corona con esbelto cupulín también abierto; los brazos laterales rematados en forma absidal se cubren con bóveda de cascarón decorados con más sencillez. La capilla mayor queda ligeramente elevada y se cubre con el mismo tipo de bóveda, pero con mayor riqueza decorativa.

En otro orden de cosas, la parroquial de los Mártires acoge en su seno actualmente a las siguientes hermandades de Penitencia: Pasión, Huerto, Sepulcro, Columna (Gitanos) y Cena, de las cuales tan sólo Pasión sale de su interior en la tarde del Lunes Santo. De Gloria, radican tanto la Hermandad de los Remedios como la Congregación de los Santos Patronos.

Bajo su auspicio pastoral también se encuentran la cofradía de las Penas (Oratorio propio en Pozos Dulces y anteriormente radicada en la Iglesia de San Julián en la calle Nosquera), Estudiantes (Iglesia del Santo Cristo de la Salud en la calle Compañía) y Viñeros (Iglesia de la Divina Providencia RR.MM Catalinas en calle Andrés Pérez).

El Párroco actual es el Rvdo. Padre Don Federico Cortés Jiménez, a la sazón Director Espiritual de nuestra Hermandad.

OYARZÁBAL, JOSÉ FERNÁNDEZ. ARQUITECTO. “Actuación en el entorno de Pozos Dulces”
GUÍA DE ARQUITECTURA DE MÁLAGA. Consejería de Obras Públicas y Transportes. Junta de Andalucía
PATRIMONIO INMUEBLE DE ANDALUCÍA, Ver página web

Cofradía del Stmo. Cristo de la Agonía
y María Stma. de Las Penas

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