1996.- “Salida extraordinaria del Palio de la Virgen de las Penas para participar en la Muestra sobre el Trono Procesional de Málaga celebrada con motivo del LXXV Aniversario de la Agrupación de Cofradías de la Semana Santa de Málaga.”

Uno de los actos más relevantes celebrados con motivo del LXXV Aniversario de la Agrupación de Cofradías fue la muestra expositiva que se celebró en el interior de la Santa Iglesia Catedral entre los días 27 de octubre y 10 de noviembre de aquél año y que versó sobre el trono procesional malagueño. Para ello, se trasladaron al primer templo las siguientes imágenes en sus correspondientes andas procesionales: Santísimo Cristo Coronado de Espinas, desde la Casa hermandad de la Sentencia; Jesús Nazareno de los Pasos en el Monte Calvario desde su propia casa hermandad; María Santísima de Gracia, desde su sede de la calle Agua, Nuestro Padre Jesús del Santo Sepulcro desde la capilla de la Paloma; como curioso contraste, la Virgen de las Angustias, de la hermandad servita de Murcia, portado a las usanzas del lugar y desde la Iglesia de San Julián, María Santísima de las Penas en su conjunto procesional.

Igualmente estuvieron expuestos los tronos de Nuestro Padre Jesús de la Puente del Cedrón, los dos de la Archicofradía del Paso y la Esperanza y los dos de la Archicofradía de la Expiración pero éstos en sus respectivas casas de hermandad.

Para la ocasión, la Virgen lució un manto de flores inédito, con el anagrama de la Cruz de Guía de la Agrupación bordada en claveles. Igualmente a su regreso a San Julián, la Virgen transitó por primera vez por la zona más angosta de la calle San Agustín, junto al templo homónimo y el Palacio de Buenavista, así como por la zona peatonal de la calle Granada acompañada por la banda de música de la Archicofradía de la Expiración.

1997.- “XXV Aniversario de la hechura del Santísimo Cristo de la Agonía.”

El año 1997 tuvo un significado muy importante para la cofradía de las Penas pues fue en el que se conmemoró el veinticinco aniversario de la ejecución y bendición de la talla del Santísimo Cristo de la Agonía, realizada en 1972 por el imaginero Francisco Buiza Fernández.

La junta de gobierno preparó una serie de actos cuya culminación se había prefijado para el día 19 de diciembre aunque al final hubo de prolongarse hasta la cuaresma de 1998 debido a la restauración a la que se debió someter el Cristo y que obligó al aplazamiento e incluso a la suspensión de algunos actos que requería de la presencia de tan venerada efigie.

El programa de actos, tuvo su preámbulo en la presentación del Boletín Extraordinario editado por la Hermandad, que se produjo el 27 de febrero. Dicha presentación corrió a cargo de D. Salvador Villalobos Gámez, después de que fuera introducido por el director, D. Andrés Camino Romero. El acto se celebró en la sala de Permanentes de la Agrupación de Cofradías.

Ya en la jornada del 7 de marzo de 1997 y en una de las salas del edificio de San Julián, se procedió a la presentación oficial de los actos y cultos a celebrar, haciéndose público el cartel conmemorativo realizado por el imaginero hispalense, D. José Antonio Navarro Arteaga.

El sábado 8 de marzo se celebró en la Sala Manuel de Falla del Conservatorio Superior de Música, un concierto organizado por la Cofradía que con el título “Sones de la Pasión” fue protagonizado además de por formaciones musicales de renombre, por dos profesionales de la escena que fueron desgranado el acompañamiento musical de las cofradías en la calle. En ese fantástico recorrido, intervinieron desde un Escuadrón montado de la cofradía de la Paz de Sevilla hasta una capilla musical, la de la Archicofradía Sacramental de los Dolores, pasando por dos afamadas bandas de cornetas y tambores, la Juvenil de Las Cigarreras de Sevilla y la del Real del Cuerpo de Bomberos, una Agrupación Musical, Nuestra Señora de los Reyes de Sevilla y por una de música, la de la Archicofradía de la Expiración de nuestra ciudad.

Por otro lado, la Cofradía había convocado un concurso fotográfico sobre la imagen del Santísimo Cristo, cuyo fallo tuvo lugar el 29 de abril, quedando desierto el primer premio, cuyo importe fue entregado al Hogar de San Juan de Dios.

Entre el 16 y el 25 de mayo, se celebró una exposición fotográfica sobre las diversas imágenes cristíferas que ha venerado la cofradía a lo largo de su historia.

En dicha exposición pudieron admirarse los magníficos trabajos fotográficos realizados por los profesionales de la fotografía y cofrades, D. Juan Manuel Bermúdez Recio y D. Mario Ferrer Deblas así como los de diversos participantes en el concurso de fotografía.

Finalizando el mes de mayo, y en la Sala Capitular de la Agrupación de Cofradías, tuvieron lugar dos mesas redondas en días seguidos, versando ambas sobre la figura de Francisco Buiza; una en su relación con las cofradías malagueñas y la otra sobre su dimensión andaluza.

En la primera intervinieron diversos representantes de las hermandades de la Humildad, Columna, Viñeros, Amor y Penas; mientras que en la segunda, entre los distintos intervinientes destacaron el imaginero D. Francisco Berlanga de Ávila, que fue discípulo de Buiza, y D. Pedro Ignacio Martínez Leal, autor de una notable tesis doctoral sobre la figura del desaparecido escultor carmonense, siendo ilustradas las diversas intervenciones con diapositivas relativas a los distintos trabajos escultóricos del aludido imaginero.

El día 25 de octubre, en el transcurso de la misa de apertura del curso cofrade, se procedió a la bendición del paso procesional del Santísimo Cristo de la Agonía, una vez finalizado en su totalidad, ceremonia que fue oficiada por el Rvdo. D. José Diéguez, permaneciendo en exposición durante los días siguientes para la admiración del público que se acercó por la Iglesia de San Julián.

Diversos actos programados para después de los meses de verano, debieron ser suspendidos por causas ajenas a la propia cofradía, o bien aplazados hasta la finalización de los trabajos de restauración que fueron acometidos por el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico en la talla del Señor.

En efecto, tras ser repuesta al culto, la imagen del Señor presidió un solemnísimo Vía-Crucis extraordinario por las calles de nuestra ciudad durante el cual se hizo estación en la Iglesia Parroquial de los Santos Mártires y en la Santa Iglesia Catedral, llevándose a cabo dicho acto en la jornada del primer viernes de la Cuaresma de 1998 (27 de febrero).

2004.- “Celebración del Cincuentenario de la Proclamación Pontificia de la Realeza de la Santísima Virgen por la Cofradía de las Penas”.

Siendo la hermandad de las Penas la primera institución penitencial de la ciudad en honrar anualmente la festividad y liturgia de la Realeza de la Santísima Virgen, proclamada por S.S el Papa Pío XII en la jornada del primero de noviembre de mil novecientos cincuenta y cuatro mediante la publicación de su Encíclica “Ad Caeli Reginam, no podía quedar al margen de la conmemoración del cincuentenario de la institución de esta Verdad fundamental de la Iglesia Católica que tenía lugar durante el año 2004 y que sostiene que María como Madre de Dios, del Rey de Reyes, es Emperatriz del Universo, Reina de Cielos y Tierra.

UNA CORONA DE ORO PARA LA VIRGEN…

Para ello, y desde 1999, se venía trabajando en el proyecto de una nueva corona como símbolo inequívoco de la Realeza, para el que fue encargado el diseño a uno de los mejores dibujantes del arte cofradiero actual, como es Fernando Prini Betés.

Realizada en oro de ley y recamada de rubíes y brillantes de la mejor calidad procedentes de las donaciones materiales y efectivas de numerosos hermanos y devotos, por el diseñador cordobés Manuel Valera Pérez, y los orfebres Pascual y Salvador Zamorano, la corona una vez finalizada, fue presentada a los donantes a finales del mes de octubre de 2004 en la Iglesia de San Julián, sede canónica de la hermandad, y expuesta, días después, en la céntrica joyería Marcos de calle Larios, donde pudo ser admirada por quienes quisieron contemplarla.

LA VIRGEN ES TRASLADA A LA PARROQUIA DE LOS MÁRTIRES PARA SER HONRADA EN SOLEMNE TRIDUO Y FUNCION PRINCIPAL CONMEMORATIVA.

Quedaba pues, abierto el periodo en el que iban a tener lugar las celebraciones conmemorativas del cincuentenario de la proclamación pontificia de la Realeza de la Virgen María, y así, el primero de Noviembre, en unas sencillas andas, sobre la peana de procesión, iluminada con cuatro cirios y con un adorno floral a base de claveles blancos, rosas blancas y orquídeas, la Santísima Virgen, ataviada con un terno bordado, verde oscuro, y tocada con una sencilla ráfaga de plata, fue trasladada desde San Julián a la Parroquia de los Santos Mártires Ciriaco y Paula.

El cortejo se abría con la Cruz Alzada acompañada por acólitos ceroferarios, seguidos de dos filas de hermanos con cirios, Mesa de Gobierno de la Hermandad acompañado con varas al Guión corporativo portado por el Sr. Secretario; acólitos turiferarios y andas.

En un altar efímero instalado al efecto en la Capilla Mayor de la Parroquia fue depositada la imagen de la Virgen de las Penas, sobre peana dorada bajo el dosel bordado que normalmente se utiliza para las funciones de la Realeza, iluminada por la candelería cedida al efecto por la Archicofradía de la Esperanza, y adorno de claveles blancos en bouquet de jarras de la Archicofradía del Huerto, para celebrar un solemne triduo, en el que participaron los Sacerdotes, los Ilustres y Reverendos D. Felipe Reina Hurtado y Fray Francisco Gutiérrez Alonso y el Reverendo D. José Diéguez Rodríguez. Para la ocasión, la Virgen lució saya azul marino bordada en oro y manto verde oscuro.

En la jornada del viernes día cinco, al finalizar la última jornada del triduo, los pregoneros de la Realeza, obsequiaron a la Imagen un broche realizado en oro y piedras preciosas, así como un grupo de jóvenes un rosario de plata y amatistas.

LA FUNCIÓN PRINCIPAL E IMPOSICIÓN DE CORONA DE ORO A LA SANTÍSIMA VIRGEN.

En la siguiente jornada, sábado seis de noviembre, se celebró la Función Principal conmemorativa. La imagen lució saya de tisú de oro bordada y manto rojo de terciopelo bordado, para recibir, como ofrenda de amor y devoción de sus fieles, la Corona en una solemnísima ceremonia litúrgica presidida por el Sr. Cura párroco y Director Espiritual de la Hermandad, el Ilustre Sr. D. Federico Cortés Jiménez y el subdelegado episcopal de Hermandades y Cofradías Ilustre Sr. D. Antonio Fernández López, asistido por servicio de acólitos y monaguillos, todos ellos hermanos de la corporación.

Amadrinaron la ceremonia las Hermanas de la Caridad y los donantes de la presea, que ocuparon lugar preferente, junto a la representación de la Archicofradía del Huerto, de la Esperanza y la hermandad de la Estrella.

A la hora en punto prevista, la puerta de la sacristía se abrió para dar paso a la procesión claustral compuesta por la Mesa de Gobierno de la Hermandad, de riguroso chaqué y portando varas, dando escolta al Hermano Mayor que sustentaba la Corona de oro que le sería impuesta a la Santísima Virgen de las Penas en el transcurso de la solemne Eucaristía; les seguían el cuerpo de acólitos ceroferarios y turiferarios, Cruz alzada, pertiguero, monaguillos y celebrantes. Como fondo, la lectura de la Encíclica “Ad Caeli Reginam” en la voz del director litúrgico y vocal de Caridad, acabando justo en el momento en que la procesión llegaba al inicio de la Vía Sacra parroquial, instante en el que la Coral Santa María de la Victoria, magistralmente dirigida por el Rvdo. D. Manuel Gámez López, entonaba el cántico inicial de entrada “Dómine Salvum Fac” de Charles Gounod.

La Misa fue transcurriendo con todo el rigor y el ceremonial propio y característico de las funciones religiosas organizadas por la cofradía, llegando el momento en que, tras las lecturas previstas del día, la del Santo Evangelio y de la homilía a cargo del párroco y celebrante de la Sagrada Eucaristía, el Muy Ilustre Sr. D. Federico Cortés Jiménez, se procedió a la Protestación de fe y defensa de los Dogmas de la Santa Madre Iglesia, especialmente los relativos a la Santísima Virgen, con mención especial a la Proclamación Pontificia de la Realeza de María; acto que se desarrolló con los asistentes puestos en pie, mientras desde el presbiterio era leída la solemne proclama por el Secretario, acompañado por el Vicesecretario que sostenía el Guión corporativo, así como por el Hermano Mayor, el Teniente de Hermano Mayor, el Fiscal, el Tesorero, el Albacea General y el Primer Vocal, todos con varas.

Terminada la protestación de fe, se inició el rito de la solemne bendición e imposición de la Corona de oro a la Santísima Virgen de las Penas, portada por el Hermano Mayor que hizo entrega, tras su aspersión con agua bendita, al Teniente de Hermano Mayor, quienes, acompañando al Ilustre Sr. Cura Párroco, subieron al lugar donde recibía veneración la Santísima Virgen en su altar efímero, para depositarla sobre sus sienes, momento sentido con todo entusiasmo por los asistentes que prorrumpieron en un fuerte aplauso en el instante en que el párroco gritó un ¡viva la Virgen de las Penas!, salido sin duda de lo más profundo de su alma.

En ese momento la Coral interpretaba la pieza “Alma Redemptoris Mater” de Manuel Gámez.

Al finalizar la Sagrada Eucaristía y por consiguiente, una ceremonia que duró casi dos horas, fue entonado el Salve Regina en honor de la Santísima Virgen de las Penas, seguido del “Laudate Dominum” de L. Raffy, mientras de nuevo, en procesión claustral, los oficiantes junto a los acólitos y servidores del altar, se retiraron tras la bendición apostólica.

TRASLADO DE VUELTA A SAN JULIÁN.

La Virgen de las Penas fue trasladada nuevamente a la Iglesia de San Julián en la jornada siguiente. Iba sobre las mismas andas que la llevaron a la Parroquia adornadas con profusión de claveles blancos, y luciendo un terno de brocado celeste. Fue portada por doce hermanos para, entre la admiración y el respeto del público congregado al efecto, recorrer el corto trayecto que separa ambos recintos sagrados.

PROCESIÓN EXTRAORDINARIA CONMEMORATIVA.

Justo una semana más tarde, el sábado día trece de noviembre, en una tarde fría y desapacible, tuvo lugar la salida extraordinaria bajo palio de la Santísima Virgen de las Penas, evocadora imagen de la Realeza de María proclamada cincuenta años antes por S.S el Papa, Pío XII y en ese día reivindicada por la hermandad de las Penas a través de tan bellísimo rostro.

Abría la comitiva la Cruz de Guía con los dos faroles antecedida por la banda de cornetas y tambores de la Archicofradía del Paso y la Esperanza. Le seguía un tramo de hermanos con cirios; “Sine Labe” acompañado de cuatro varas; tramo de hermanos con cirios; “Guión de la Realeza” y acompañamiento de cuatro varas; hermanos con cirios; representaciones de la Hermandad de la Estrella, Archicofradías del Huerto y Esperanza, todos ellos con guión corporativo y varas; ante-presidencia con el Presidente y Vicepresidente de la Agrupación de Cofradías de la Semana Santa de Málaga, representante del Ilustre Colegio Territorial de Administradores de Fincas, en su calidad de Hermano Mayor Honorario, junto al Hermano Mayor; Mesa de Gobierno de la Hermandad con Guión y varas; Cruz alzada, acólitos ceroferarios, Pertiguero, acólitos turiferarios, monaguillos, Sr. Cura párroco y acólitos.

Tras ellos y cerrando el cortejo, el trono de la Santísima Virgen de las Penas que lucía esplendoroso con toda la candelería encendida y un exquisito adorno floral a base de rosas blancas en las jarras y nardos dispuestos en pequeñas piñas en las jarritas delanteras e iba acompañado musicalmente por la banda de Nuestra Señora de la Paz.

La Sagrada Imagen lucía para la ocasión, saya de tisú de oro bordada, tocado de encajes de blonda donada por un grupo de hermanos; sobre el pecho broche de oro, brillantes, perlas y esmeraldas, regalo de los Pregoneros de la Realeza, Escudo de oro de la Archicofradía del Huerto, Escudo de Oro de la Congregación de la Divina Pastora de Nuestras Almas, entre otras joyas; pañuelo de encaje de Bruselas, regalo de una hermana así como la reliquia de Santa Ángela de la Cruz. Para la efeméride, la Virgen iba ataviada extraordinariamente con el manto de procesión de María Santísima de la Estrella, cedido gentilmente por la cofradía perchelera en un gesto inolvidable de amor cofrade y cristiano. Igualmente, ya lucía la presea de oro donada por los hermanos e impuesta en la Función celebrada en los Mártires.

Con un respetuoso silencio, fue recibida la Santísima Virgen hasta que las barras del palio hubieron traspasado el dintel de San Julián, para en el momento de ser alzado al unísono por sus portadores en una espectacular y perfecta maniobra, prorrumpir en un encendido aplauso mientras la Banda de Música de Nuestra Señora de la Paz acometía el Himno Nacional.

Rodeada por una abigarrada multitud que la había aguardado expectante, y de una densa nube de oloroso incienso, la Virgen de las Penas fue avanzando lentamente por la calle Nosquera, en sentido contrario al habitual, dirigiéndose hacia las calles más próximas a la Parroquia, inusuales en el itinerario del Martes Santo. Sonaron “María Santísima de las Penas” de Pantión y al trazarse la curva de Comedias, “Coronación de la Macarena“ de Pedro Braña. Ya en Santa Lucía, el paso de la Virgen fue recibido con una lluvia de pétalos arrojados desde los balcones.

No decayendo ni un solo instante la afluencia de público para contemplar la estampa de la Virgen de las Penas, el cortejo se dirigió por Granada hacia la Plaza de la Constitución y Marqués de Larios, introduciéndose posteriormente por la estilosa calle Strachan donde ya lucían los primeros adornos navideños. Nuevamente fue protagonista el acompasado paso de los portadores que mecieron a la Virgen con distintas marchas como “Macarena” de Abel Moreno, “La Estrella Sublime” de Farfán, “Rocío” de Vidriet o “Madre Hiniesta” de Manuel Marvizón, adentrándose a continuación en el bellísimo entorno de la Plaza del Obispo, instante en el que el desapacible viento apagó la candelería, que sería poco después encendida al abrigo de la calle San Agustín, junto al hospital Gálvez.

Recuperada la estampa más hermosa de un paso de palio, la Virgen entró en la estrechez de San Agustín y al superar el primer balcón a palilleras, sonó “Rocío” ante una multitud enfervorecida que irrumpió en un sonoro aplauso en los compases finales de la marcha, cuando los portadores, en un esfuerzo encomiable, mecieron el trono a su compás.

De nuevo una lluvia de pétalos caía sobre el trono desde los balcones y el público allí congregado, que casi no podía contener las lágrimas por la emoción, vitoreó nuevamente a la Virgen de las Penas, que tras culminarse la marcha que a la sevillana Virgen de la Hiniesta dedicara Marvizón, quedó arriada delante del retablo cerámico que se colocó para la ocasión. La calle dedicada al Padre de la Iglesia y la cofradía volvieron a renovar su fiel compromiso estético.

El paso de la Virgen entró en Santa Lucía con la marcha “Pasan los Campanilleros”, con el perfecto caminar acompasado de los portadores, los que en ningún momento perdieron la compostura, ni la elegancia acostumbrada en las maneras de la Corporación en la calle.

Y de esta forma, con una hora más tarde de lo previsto, la Señora de San Julián hizo su entrada en el templo, bien entrada la madrugada, después de dejar un inolvidable regusto y de haber permitido a hermanos y devotos el disfrute con todos los sentidos de su paseo triunfal por las calles de la ciudad.

Como culminación de los actos, y después de la Misa de acción de gracias en la tarde del veinte de noviembre, con ocasión de la Festividad de la Inmaculada Concepción, la Virgen fue expuesta en devoto besamanos como homenaje al Ciento Cincuenta aniversario del Dogma en el bajo coro de San Julián y sirviéndole como dosel, el magnífico cuadro de “Triunfo de la Caridad” de Niño de Guevara.

2006. “Vía Crucis extraordinario presidido por la imagen del Santísimo Cristo de la Agonía celebrado en el interior de la Iglesia Parroquial de los Santos Mártires con motivo del V Centenario de su consagración.”

El uno de marzo de 2006, miércoles de ceniza, el tradicional Vía Crucis que celebraba la cofradía de las Penas en el interior de San Julián salió extraordinariamente a la calle con la imagen del Santísimo Cristo, recorriendo parte de la feligresía, para trasladarse posteriormente a la Parroquia, y sumarse así a los actos celebrados con motivo del V Centenario del templo de los Mártires, Ciriaco y Paula. La talla de Buiza iba sobre unas parihuelas, acompañada de hermanos portando velas de color azul, (debido a la agregación de la hermandad de la Santa Caridad), y con el acompañamiento musical de un grupo de metales (trompetas y trombones). Antes de partir de San Julián se leyó la oración de inicio. A continuación, se dirigió a los Santos Mártires, en cuyo interior se rezó el Vía Crucis, y regresó seguidamente a su templo por las calles más recoletas de la feligresía, a saber: Luis de Velázquez, Plaza Mitjana y calle Lazcano.

2008.- “Actos extraordinarios con motivo del cambio de sede canónica de la Iglesia de San Julián al nuevo Oratorio propio de la cofradía en Pozos Dulces”.

Habiéndose concluido la mayor parte de trabajos de construcción del nuevo templo y sede social de la cofradía en la confluencia de la calle Pozos Dulces con la de Arco de la Cabeza en los albores del otoño de 2008, la junta de gobierno decidió fijar como fecha del traslado de las imágenes, los días 24 y 25 de octubre, y la consagración del altar el 1 de noviembre. Así mismo, acordó celebrar una serie de actos con motivo de este acontecimiento, que fueron dados a conocer a los medios de comunicación en rueda de prensa.

A las 19.35 horas de la tarde del día 4 de octubre, festividad del santo de Asís, comenzaba la función religiosa oficiada por el Padre Manuel Gámez López, canónigo de la Santa Iglesia Catedral y Director Espiritual de la cofradía del Monte Calvario, en la Iglesia de San Julián. Por un lado se trataba de la eucaristía de inicio del curso cofrade 2008/09, pero por otro lado, sirvió igualmente para proceder a la bendición de la nueva talla de San Juan Evangelista, obra de Navarro Arteaga, destinada a formar la escena del Calvario junto con el Crucificado y la Dolorosa en el altar mayor del Oratorio. En el transcurso de la ceremonia, el padre Gámez bendijo la talla y recordó que fue él mismo el que hizo lo propio con las imágenes titulares de la Hermandad de las Penas, primero la Virgen allá por 1964, tras gubiarla Antonio Eslava y, posteriormente, en 1972, con la imagen del Santísimo Cristo de la Agonía, realizada por Francisco Buiza.

Una semana después, tuvo lugar en el mismo templo, la celebración de una misa de despedida de la cofradía por el cambio de sede. El acto fue organizado conjuntamente con la Agrupación de Cofradías. Presidió la Eucaristía, que dio comienzo pasados unos minutos de las ocho y media de la tarde, el obispo administrador apostólico, Antonio Dorado Soto, quien estuvo acompañado por los sacerdotes P. Felipe Reina Hurtado y P. Federico Cortés Jiménez. Al terminar el oficio, que estuvo amenizado musicalmente por el grupo instrumental “Juan Francés de Iribarren”, el secretario de la Agrupación, Francisco Cantos Recalde, leyó un texto en el que se daban a conocer aspectos de la llegada y estancia de la hermandad del Martes Santo en San Julián. Seguidamente, el hermano mayor, Francisco Manuel Calderón Rodríguez, dio igualmente lectura a un escrito en el que recordaba el papel desempeñado por los cofrades de las Penas, las relaciones mantenidas con la Agrupación y el futuro esperanzador que se cernía en el horizonte con el traslado y establecimiento en la definitiva sede. Después, el presidente de la entidad agrupacionista, Rafael Ángel Recio Romero Recio, tomó la palabra para referirse a la labor desarrollada por las Penas en el edificio y a las relaciones de ambas instituciones. Por último, manifestó que la Agrupación estaría presente el día de la procesión de traslado.

Durante los días 20, 21 y 22 de octubre se celebró, en horario de 18.30 a 20.30 horas, un devoto besapiés a la imagen del Señor de la Agonía y un besamanos a la efigie de María Santísima de las Penas en la Iglesia de San Julián. El Crucificado fue situado en el presbiterio y la Dolorosa delante del altar ocupado por el Santísimo Cristo.

Ya en la jornada del día 24 de octubre, pasados tres cuartos de hora sobre las ocho de la tarde, fueron conducidas, en escrupuloso silencio y en andas separadas, las imágenes secundarias de Santo Domingo de la Calzada (titular de la Cofradía) y San Juan Evangelista al nuevo Oratorio. Para ello se buscó el camino más corto por Nosquera, Muro de las Catalinas y Arco de la Cabeza. La talla de San Juan, iluminada por cuatro candeleros, fue portada sobre el trono de orfebrería de la Asociación de la Virgen del Carmen de los Submarinistas, quien lo había cedido gentilmente para este acto. A sus pies se colocó una alfombra de claveles rojos. Por su parte, el Santo Domingo de la Calzada, talla de Pedro Pérez Hidalgo, fue igualmente iluminada por candeleros y exornada con claveles, aunque en este caso, de color blanco.

Al día siguiente, se iba a producir el esperado traslado del Santísimo Cristo de la Agonía y la Santísima Virgen de las Penas al nuevo templo, no sin que la aventura estuviera exenta de sobresaltos climatológicos. Los hermanos participantes, las cofradías de la parroquia y las del Martes Santo empezaron a llegar a San Julián a partir de las seis de la tarde cuando ya eran numerosas las nubes negras que colmaban el cielo de la ciudad amenazando el buen discurrir de la procesión.

El monumental patio del antiguo Hospital de San Julián sirvió por última vez para organizar el cortejo, esta vez vacío de antifaces y túnicas. El mayordomo de procesión, Antonio Javier García Oliveros, volvió a dar esas últimas y nerviosas instrucciones antes de que finalmente el hermano mayor diera la orden oportuna para abrir las puertas del templo sobre las seis y cuarenta minutos de la tarde.

La cruz de guía, flanqueada por los faroles, iniciaba una partida de no retorno a la Iglesia que se construyera a expensas de la Hermandad de la Santa Caridad. A ella le siguió un nutrido cortejo de cirios que antecedían a las andas del Señor. En posición semi-tumbada y flanqueado por cuatro fanales de cera tiniebla, el Santísimo Cristo cruzó el dintel de la puerta de San Julián mientras una banda de música conformada exprofeso para la ocasión por distintos músicos de la ciudad, comenzaba a deleitar a todos los presentes con su escogido repertorio de marchas de corte sobrio y solemne y que se inició, como no podía ser de otra manera, con la pieza “Cristo de la Agonía” de Abel Moreno Gómez.

Tras Él, un nuevo grupo de hermanos con cirios y las representaciones correspondientes, antecedieron al paso de la Santísima Virgen, que de manera extraordinaria, había sido dispuesto sin el palio. La Dolorosa volvía a salir a la calle sin el manto de flores (como en 2004) aunque esta vez estrenaba uno de raso, color oro viejo. El acompañamiento musical volvió a ser, tras muchos años, el de la banda de música de la Archicofradía de la Expiración. Fabulosa fue la maniobra de salida del trono de la Virgen en el interior de San Julián al compás de la marcha “Amarguras” de Font de Anta.

Resultó espectacular la bienvenida en forma de aplausos y vítores que el público brindó a la Dolorosa de Eslava nada más echarse a la calle. Primero sonó la marcha “María Santísima de las Penas” de Pantión y, a continuación, “La Esperanza de Triana” de Farfán, instante en el cuál comenzó a llover de manera intensa obligando a la cofradía a regresar con el trono a San Julián.

En ese momento, las andas del Señor se encontraban en la calle Santa Lucía junto al aparcamiento público, en cuyo voladizo se refugió inicialmente, para luego dar marcha atrás y guarecerse en la nave lateral de la Parroquia de los Santos Mártires.

Transcurrida media hora, se organizó nuevamente el cortejo, y volvió a partir hacia la nueva sede, ya sin contratiempo alguno. La comitiva discurrió con absoluta normalidad por Santa Lucía, Plaza de la Constitución, Especería, Cisneros, Fajardo, Compañía, Pozos Dulces y Plaza Virgen de las Penas.

Las andas del Santísimo Cristo fueron exornadas con claveles rojos “sangre de toro” y bouganvillas mientras que el paso de la Virgen fue aderezado con rosas de pitiminí en las jarritas delanteras, rosas en las jarras laterales y las esquinas con nardos y rosas desbordantes. Igualmente el paso lució novedosamente flores de cera o “cera rizá” que se colocaron entre los cirios de la candelería. Igualmente, y para ganar en altura, la Virgen iba sobre la peana de la Esperanza, cedida al efecto por la Archicofradía de la calle Hilera. Entre las jarras laterales fueron colocados faroles del antiguo paso del Señor ocupando así el espacio dejado por la ausencia del palio.

La Virgen llegó a la collación de Pozos Dulces en un íntimo y soberbio transitar con marchas como “Valle de Sevilla”, “Virgen de la Palma” o “Coronación de la Macarena”, y a continuación, tras una revirá de trescientos sesenta grados, mientras sonaba la marcha dedicada de Pantión, se recogió con una fuerte ovación del numeroso público aún presente. Con los dos titulares ya en el interior de su nueva casa, los hermanos entonaron el “Salve Regina” dedicado a la Santísima Virgen.

El repertorio interpretado al Señor de la Agonía fue el siguiente:

SALIDA: Cristo De La Agonía (Abel Moreno)
NOSQUERA: Jesús De Las Penas (Antonio Pantión)
NOSQUERA-COMEDIAS: Cristo De La Sed (J.A. Cuevas - P. Gámez Laserna)
COMEDIAS: Quinta Angustia (Jose Font)
PLAZA DE LOS MARTIRES: La Muerte De Ases (Edvar Grieg)
En este momento comenzó a llover y la banda también se resguardó, tras parar de llover:
SANTA LUCIA: Desamparo (Germán Álvarez Beigbeder)
ENTRADA EN LOS MARTIRES: Cristo De La Agonía (Abel Moreno)
Tras salir de los Mártires:
SANTA LUCIA-GRANADA: Getsemaní (Ricardo Dorado)
PLAZA DE LA CONSTITUCION: Cristo En La Alcazaba (Fulgencio Morón)
ESPECERIAS: Mektub (Mariano San Miguel)
ESPECERIAS-FAJARDO: Tus Dolores Son Mis Penas (Antonio Pantión)
FAJARDO: Paz Eterna (Texidor)
FAJARDO-COMPAÑIA: La Muerte De Ase (Edvar Grieg)
POZOS DULCES: Juana De Arco (C. Gounod)
LLEGADA AL ORATORIO: El Cachorro Saeta Sevillana (Pedro Gámez Laserna)
ENTRADA: Cristo De La Agonía (Abel Moreno)

Tras el paso de la Virgen se interpretó el siguiente repertorio:

SALIDA (Interior del templo): Amarguras (Font)
SALIDA: Himno y María Santísima de las Penas (Pantión)
NOSQUERA: La Esperanza de Triana (solo de violín) (Farfán) (x 2). En ese instante comienza a llover fuertemente y regresa el trono al templo.
Media hora más tarde, vuelve a recomponerse el cortejo y sale el trono de la Virgen, más apresuradamente de lo normal, para reunirse con el cortejo del Santísimo Cristo en Santa Lucía.
SALIDA: Himno y María Santísima de las Penas (Pantión)
NOSQUERA Y COMEDIAS: a tambor.
CURVA COMEDIAS A SANTA LUCÍA: La Esperanza de Triana (Farfán) (solo clarinete)
SANTA LUCÍA: Amparo (Pedro Morales)
CURVA A GRANADA: Sevilla Cofradiera (Gámez Laserna)
PLAZA CONSTITUCIÓN: Virgen de Montserrat (Pedro Morales), Virgen de la Paz (Pedro Morales) y Pasa la Virgen de las Penas (Javier Alonso).
ESPECERÍAS/CISNEROS: Pasan los Campanilleros (Farfán), El Refugio de María (Farfán) y Triana tu Esperanza (José de la Vega).
CURVA CISNEROS FAJARDO: Soleá dame la Mano (Font).
FAJARDO: Hiniesta Coronada (Albero).
CURVA A COMPAÑÍA: Saeta Cordobesa (Gámez Laserna).
POZOS DULCES: Valle de Sevilla (José de la Vega) y Virgen de la Palma (Marvizón).
PLAZA VIRGEN DE LAS PENAS: Coronación de la Macarena (Braña), María Santísima de las Penas (Pantión) (x3) e Himno Nacional.

La Cofradía de las Penas celebró en la lluviosa tarde del uno de noviembre, festividad de Todos los Santos, la solemne ceremonia de consagración del altar del nuevo oratorio, que dio comienzo a las 18.00 horas. Las imágenes Titulares, el Santísimo Cristo de la Agonía y María Santísima de las Penas, junto a San Juan Evangelista, se encontraban en el altar mayor, formando la escena del Calvario. La ceremonia litúrgica estuvo presidida por el obispo administrador apostólico, Antonio Dorado Soto, que para la ocasión estrenaba una casulla de tisú bordada en oro con el anagrama del corazón coronado y traspasado alusivo a la Virgen de las Penas, obra del taller de Manuel Mendoza, con las piezas procedentes del antiguo palio. Ejerció de maestro de ceremonias el canónigo José León Carrasco, con traje capitular del Cabildo Catedralicio. Además, asistieron los siguientes sacerdotes: P. Felipe Reina Hurtado, delegado episcopal de Hermandades y Cofradías, P. Federico Cortés Jiménez, párroco de los Santos Mártires a cuya collación pertenece la capilla, y P. Arturo Calvo Espiga, muy vinculado a esta Corporación nazarena. La mitad de la ceremonia se desarrolló en penumbra, hasta que la mesa de altar fue ungida, incensada y, finalmente, revestida e iluminada. La parte musical estuvo a cargo de la Coral del “Corpus Christi”, dirigida por Luis A. Campos, al que acompañó el grupo instrumental “Juan Francés de Iribarren”, a cargo del profesor Antonio Tomás del Pino Romero. Las composiciones interpretadas fueron piezas propias de este coro, siendo muy del gusto del Prelado como manifestó al término de la Eucaristía.

También se estrenó el ajuar litúrgico, compuesto por un copón y un cáliz de gran valor, realizados por el cordobés Manuel Valera, así como una jarra y una palangana, para el lavatorio de manos, regalo de la hermandad de los Remedios de los Mártires.

A pesar de las adversas condiciones meteorológicas, se contó con la asistencia de D. Diego Maldonado Carrillo y Dña. Teresa Porras Teruel, concejales de la Corporación Municipal, representación de cofradías y hermandades penitenciales, así como la Junta de Gobierno, el Consejo y cofrades de esta Corporación nazarena, que vestían chaqué mientras que las señoras la clásica mantilla.

A la semana siguiente, el día siete de noviembre, tuvo lugar la primera misa en sufragio por los difuntos de la cofradía y el primer besamanos de la Virgen de las Penas.

2009-2010.- “LXXV Aniversario Fundacional de la Cofradía de las Penas.”

Probablemente la multitud de efemérides que se habían ido sucediendo en los últimos años en el seno de la hermandad de las Penas y que la cofradía no había dejado de celebrar a lo grande, como se ha reseñado anteriormente, fue la razón para que el conjunto de actos conmemorativos del setenta y cinco aniversario de la fundación de la corporación se llevaran a cabo de una forma mucho más sencilla y casi disimulada, no volviendo a abundar en el maremágnum de cultos extraordinarios, sobre todo externos, que pudieran resultar del todo repetitivos.

El eje central de dichos actos lo constituyó el Vía-Crucis que con la imagen del Santísimo Cristo de la Agonía, llevó a la Corporación a recorrer la feligresía de la Parroquia y los templos en donde la Corporación ha ido escribiendo su corta pero intensa historia. El mismo se desarrolló en completo silencio tan sólo interrumpido por las voces de la coral del Patrocinio, interpretando piezas sacras entre las que destacaban las ‘Coplas del Cristo de la Agonía’, una composición de Juan Antonio Sánchez López.

El Cristo de Buiza Fernández iba en posición sesgada, sobre unas andas que ya ha utilizado en más de una ocasión, llevadas por 24 portadores y decoradas con un centro de rosas rojas y espinos, en la base de la cruz.

Se pretendió que el cortejo procesional no fuera el habitual con cirios, de forma que se abrió con la cruz alzada escoltada por ciriales, seguida inmediatamente de una completa cuadrilla de acólitos y varias parejas de servidores. El coro se situaba delante del Crucificado y todo lo demás, detrás: el Preste, acompañado de hermanos revestidos con dalmáticas moradas; la mesa de gobierno con cirios y el guión, los hermanos y los fieles.

Con cierta diligencia y tras leerse la Primera Estación se llegó a la Parroquia de los Santos Mártires donde se rezaron las siguientes ocho estaciones tras recorrer las calles Plaza Virgen de las Penas, Pozos Dulces, Compañía, Salvago, Especerías, Plaza de la Constitución, Santa Lucía y Plaza de los Mártires. En el interior estaban representadas corporativamente todas las cofradías que tienen su sede en el cinco veces centenario templo, con sus capillas abiertas: la Pasión, Gitanos, Virgen de Gracia, Huerto, los Remedios, Santos Patronos y la Cena. Todas menos el Sepulcro, inexplicablemente.

La comitiva también entró en San Julián, antigua sede corporativa, donde se rezaron la décima y undécima estación y en la iglesia de la Aurora y Divina Providencia (vulgo Las Catalinas), la duodécima y decimotercera. Y continuó por Arco de la Cabeza hasta el oratorio de la plaza Virgen de las Penas, para darse por finalizado el acto con la lectura de la decimocuarta estación.

El discurrir procesional por vías intramuros de la ciudad como el Muro de las Catalinas o Arco de la Cabeza supuso una estampa hermosísima, cargada de sobriedad, más propia de siglos pasados.

De igual forma, y aprovechando los cultos de la Festividad de la Realeza de María, la hermandad quiso poner una nota extraordinaria, siguiendo la tónica de sencillez programada para este Aniversario Fundacional.

Así las cosas, en la jornada del dieciséis de mayo, con anterioridad a la Solemne Función Principal en honor a la Santísima Virgen, se llevó a cabo una Procesión Eucarística que dio comienzo pasado un cuarto de hora de las once de la mañana en la Parroquia de los Santos Mártires con la Exposición del Santísimo Sacramento.

El cortejo salió de los Mártires y se dirigió por la calles de Santa Lucía, Granada, plaza de la Constitución, Especerías, Salvago, Compañía, Pozos Dulces y Plaza de la Virgen de las Penas para llegar al Oratorio pasado el mediodía, lugar en el que se dio la Bendición y se procedió a la reserva de Su Divina Majestad, iniciándose posteriormente la solemne Función consagrada a Nuestra Señora.

El cortejo estuvo formado por Cruz Alzada y Ciriales, tramo de hermanos con cirios, Bandera de la Caridad, segundo tramo de Cirios, Mesa de Gobierno, monaguillos y cuerpo de Acólitos, Palio con la Sagrada Forma y Música.

Cofradía del Stmo. Cristo de la Agonía
y María Stma. de Las Penas

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