Dirección Espiritual: Tiempo de Cuaresma.

Damos inicio con el Miércoles de Ceniza, a la preparación personal y comunitaria de la gran fiesta cristiana: la resurrección de Jesucristo. Para ello, vamos a recoger la invitación del mismo Jesús en las palabras del evangelio:«buscad de practicar la justicia». Pero con un matiz peculiar: evitar caer en la trampa de hacer el bien para ser bien vistos de la gente. Un atinado consejo para progresar por caminos seguros hacia la Pascua de Resurrección.

Ahora bien, se nos concreta la práctica de la justicia en tres propuestas convergentes: el esmero de nuestras relaciones con Dios: la oración, con los demás: la limosna y con nosotros mismos: el ayuno. Es ésta la auténtica conversión que Dios desea, la reconciliación a que nos insta san Pablo. Es una nueva oportunidad, el tiempo oportuno, que Dios nos ofrece para desligarnos de nuestras ataduras interiores y vivir en mayor libertad. Ésta es nuestra hoja de ruta a lo largo de estas semanas de Cuaresma si queremos llegar bien dispuestos a la fiesta central de nuestra fe.

Debemos, en primer lugar, revisar nuestra vida de oración. Y poco a poco reducir el exceso de palabras para crecer en sentimientos de confianza y de sencillez ante el Señor. A Dios no le interesan tanto nuestros labios cuanto nuestro corazón. Acallar un poco nuestra voz para experimentar nuestra sed de él. Nuestras palabras nos ensordecen tanto que no dejamos aflorar nuestros íntimos sentimientos. Parece como si para él sólo tuviéramos palabras. A Dios sobre todo hay que amarlo. Quien acepta con humildad su pobreza en el silencio de su conciencia, no duda en levantar su mirada a quien sabe lo que lo ama. Necesitamos sentirnos amados de Dios, especialmente en el hoy en el que vivimos. Pues vivimos en un mundo marcado por el individualismo y el utilitarismo donde la libertad es una libertad que no conoce responsabilidades, una libertad que se presenta como sinónimo de espontaneidad y de hacer todo y solo aquello que a uno le guste o le resulte útil, en una sociedad relativista que escapa de normas morales, donde nada es verdad, no se aprecian los valores estable, todo está permitido, …pero parece que todo menos amar, amar y solo en el amor encontramos al OTRO, por eso es necesario que revitalicemos la oración, para encontrarnos con el OTRO, para encontrarnos con el Amor, pero principalmente con el que nos ama.

Nos urge revisar, también, nuestro trato con los demás y cómo les ofrecemos la generosidad de nuestra limosna. Una limosna que no se reduce al dinero, sino también al gesto amigo, a la escucha serena, a la comprensión al perdón. Un sin asomo de prepotencia, porque toda actitud arrogante provoca mayor afrenta. Entonces la limosna carece de sentido cristiano y no ennoblece a nadie. Además debemos ser promotores de esperanza en una sociedad dominada por el recelo y la desconfianza. Hay muchas personas hundidas por la soledad, el desengaño y la frustración. A menudo están muy cerca de nosotros. Y no podemos pasar por su vida con indiferencia. En esta línea debemos descubrir el sentido de la limosna más eficaz. Una conversión a la solidaridad en los sentimientos. Contra el orgullo del poseer es preciso reaccionar con el verdadero amor. Ésta es la limosna auténtica.

Una limosna que es donación de sí y que está reclamando una sociedad que está enferma; una sociedad a la que no le resulta incómodo aparecer como incongruente, buscando el dinero fácil, la vida cómoda, el amor libre, donde se prohíbe fumar y se legaliza el aborto, se clama por la integridad física y el respecto a la persona pero se esterilizan a los deficientes, se exalta la fidelidad conyugal y se favorecen leyes para un divorcio más rápido, se enaltece la vida y se pide la legalización de la eutanasia, se busca una mejor vida, libre y madura para las futuras generaciones y, por el contrario se permite el consumo de drogas y otras esclavitudes parecidas, y todo ello en aras de una libertad que solo encuentra sus límites en la voluntad personal o en el poder de una ideología interesada en controlar la sociedad que se dirige autoritariamente como fuente de explotación al servicio de unos pocos. En este contexto es más urgente que nunca la verdadera limosna cristiana, la entrega y la donación de nosotros mismos, de nuestro tiempo, de nuestro dinero, de nuestros proyectos, en definitiva, de nosotros mismos, no en una solidaridad humanista y utópica, sino en el sacrificio personal y en la entrega generosa en el amor a imagen de Cristo en la Cruz.

Y, también, se nos pide que sepamos ayunar de cuanto no favorece nuestro crecimiento en libertad interior. Vivimos, en ocasiones, esclavizados de nuestros caprichos y de nuestra tozudez, de nuestra honrilla y vanidad. Nos establecemos en nuestros prejuicios y aplicamos etiquetas con una ligereza desconcertante. Se nos pide una conversión a la pobreza, a la sobriedad, incluso a la austeridad. Y no sólo en cosas materiales, sino también en críticas, murmuraciones y descalificaciones. No saber privarnos de estas actitudes, ¿no es sinónimo de esclavitud?. ¿No es un fardo demasiado pesado?. Nos cumple mejor el desasimiento. ¿No hay en nosotros una fuerza mayor que nos incline la balanza hacia la libertad?. Desprendernos de nuestro yo engreído es una tarea de toda la vida, de todas las cuaresmas. Contra la rigidez y el envanecimiento de nuestro yo es preciso aplicar la discreción y el respeto. Éste es también el ayuno que quiere el Señor.

Todo ello nos lleva no a una conversión exterior, como si se tratara de un cambio de imagen, con algún que otro retoque en nuestra vida, sino al Hombre nuevo. Originalmente, conversión es cambio de orientación de toda la persona, algo que compromete desde lo hondo del alma. Un camino que se emprende porque Alguien nos ha llamado, nos ha seducido, nos ha amado. «¿A quién iremos, Señor?. Solamente él tiene …»,la hoja de ruta de nuestra vocación y de nuestro destino: practicar la justicia sin buscar el reconocimiento ajeno.

Por eso, en la sociedad en la que estamos envueltos, el cristiano tiene que hablar de Amor, del amor de entrega, que significa ayuno, sacrificio, renuncia a sí mismo, ya que no se trata de hablar de vagos sentimientos ni de ciegas pasiones, hablamos de amor: mirar al otro, no utilizarlo sino servirlo, capacidad de alegrarse con los gozos ajenos, actitud de llorar con quien sufre, compartir lo que se posee para que nadie se halle privado de los necesario, pues amar es el don de sí mismo dado al otro.

Sabemos que este ayuno no es fácil, no tiene más camino que el de la Cruz, que este amor no es de complacencia personal, sino de compadecerse con el otro. Resulta difícil, pero no lo es, en Cristo hemos aprendido el camino y la manera, en él encontramos la gracia para alcanzarlo, solo tenemos que ser consecuentes, no asustarnos, vivir el empeño de la entrega. Hablar hoy de entrega, de sacrificio, de renuncia, etc, parece hablar un lenguaje extraño o enemigo del hombre, no entendemos que tengamos que hacer sacrificios, penitencias, renuncias. No, no lo entendemos, el dolor nos asusta y consideramos que no tiene nada que ver con la vida del hombre y, a penas miramos a nuestro alrededor vemos que todo es dolor, pero dolor ofrecido y dado no es sacrificio, es amor mostrado. No lo entendemos, pero sí entendemos el ayunar o no comer, tener dietas o planes de alimentación para adelgazar, eso sí parece que tiene un sentido, es el utilitarismo en el que vivimos. Ayunar para ofrecer, dar y fortalecer el espíritu, no se presenta como útil y práctico, ¿quizás sea eso por lo que no lo entendemos?.

Sacrificio de no comer carne, o de no padecer, y sin embargo si nos hacemos heridas en la carne, nos clavamos los famosos piercings, pasando por un dolor inútil que no aprovecha ni se ofrece, pero ese no importa, lo soportamos con agrado incluso, es fruto de la incongruencia de nuestra vida, de la falta de valorización que damos a nuestras prácticas cristianas, el abandono y la justificación para no ayunar, no solo de alimentos, sino de cuanto nos apetece, de cuanto se nos antoja.

Miremos esta cuaresma con un espíritu más evangélico y aprendamos que el camino es duro, doloroso, de pasión y cruz, pero la meta es de gloria, de gozo, de plenitud. Que el Señor Jesús con su vida y su palabra, con su cuerpo y con su sangre nos abre el apetito de Dios y el ayuno de este mundo.

Federico Cortés Jiménez. Director Espiritual.

Formación Cristiana en la Hermandad

Partiendo de las prioridades pastorales de nuestra Diócesis y en basa a las propias de nuestra Parroquia (ejercicio 2011-2012) se están realizando una serie de cursos y catequesis de formación para los hermanos y fieles.

En primer lugar, destaca la catequesis de formación para la Confirmación, debido a la importancia que reviste, puesto que se trata de realizar la necesaria formación para la recepción del Sacramento, el curso pasado fueron más de una veintena los hermanos que se formaron y recibieron el Sacramento el día 5 de junio del 2011 en la Parroquia de los Santos Mártires, en el actual curso que comenzaron en septiembre están en plena formación y se espera celebrar la confirmación para el próximo mes de Junio de 2012. La misma se celebra en la propia Casa de Hermandad impartida por nuestro Director Espiritual y se vienen celebrando todos los viernes de 20 a 21 horas y está abierta a cuantos hermanos y fieles quieran sumarse para recibir dicho Sacramento donde se acrecientan los dones recibidos por el Espíritu Santo. La formación impartida es muy amplia, desde la iniciación, Historia Sagrada y Biblia, estudio de los distintos sacramentos, La Iglesia Católica, los distintos ministerios, etc..

También muy importante es la catequesis de perseverancia, dirigida a hermanos y fieles ya confirmados que prosiguen en la formación cristiana, ahondando sus conocimientos se viene celebrando en el mismo día y horario en conjunto con el grupo de confirmación, igualmente pueden participar los hermanos que lo deseen.

Otra serie de cursos relacionados con la formación son más específicos y algunos han sido solicitados a la Parroquia por la propia Cofradía para ampliar los conocimientos en algún área concreto, como han sido:

El curso de Ostiario, donde se desarrollaron la labores propias de un Sacristán o un Albacea de Cultos, los participantes recibieron la formación necesaria y conocimientos para realizar todos los preparativos de la celebración de la liturgia y los diferentes cultos, la preparación de las lecturas, el calendario litúrgico, los ornamentos del altar, etc.. Este curso se celebró en la Casa de Hermandad y la parte práctica del mismo en la Parroquia de los Santos Mártires. Se espera una edición nueva del mismo para el próximo curso.

Otro curso dirigido a los que participan mediante la lectura de la Palabra y también solicitado por la Cofradía fue el Curso de Lectores donde los participantes se preparan para una mejor proclamación de la Palabra en las celebraciones litúrgicas.

Está pendiente de fecha de convocatoria el Curso de Acólitos donde el perfil de los participantes viene en su interés y vocación de dicha figura, donde recibirán la formación necesaria para conocer su función durante la liturgia y los diferentes cultos. Ya en la propia parroquia se vienen desarrollando otros cursos como Mariología, Protocolo Eclesiástico, Liturgia, Biblia, etc.. a los que pueden sumarse y de hecho participan hermanos de la Cofradía. Cualquier hermano interesado puede recibir información en Secretaría o en la misma parroquia.

Cabe destacar que a iniciativa del grupo de perseverancia partió la idea de recuperar el turno de Adoración Nocturna “Virgen de las Penas” que estuvo en vigor hasta los primeros años de los setenta; gracias al entusiasmo de estos y también del Rvdo. D. Federico Cortés Jiménez y el apoyo del Hermano Mayor se reestablecía en una nueva etapa la Vigilia de Adoración Nocturna al Santísimo, vocación que congregó a un nutrido grupo de hermanos unidos en la oración y adoración a Dios, tuvo lugar el pasado 25 de noviembre, ya se han celebrado tres vigilias y la cuarta y próxima se celebrará el 24 de febrero teniendo como intención la consolidación del turno. Muy brevemente señalar que el turno que nos corresponde es el IV titulado, como antaño “Virgen de las Penas”, la vigilia básicamente tiene una reunión de todo el grupo entorno a un encuentro y tema de reflexión (el próximo tratará de la Penitencia), luego se nombran los lectores y salmistas tanto para la Misa como para los turnos de vela, se celebra la Santa Misa y Eucaristía, luego rezo del Santo Rosario, a continuación se forman los turnos de vela, normalmente dos turnos, con la Exposición de su Sagrada Majestad; luego todos recibimos la Bendición Eucarística (si hay Sacerdote). Terminando con la Salve Regina. Nuestro turno tiene la vigilia ordinaria los cuartos viernes de cada mes. Se pueden sumar todos los hermanos y fieles que lo deseen.

Cofradía del Stmo. Cristo de la Agonía
y María Stma. de Las Penas

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