El cuidado de los Cultos

Conforme a lo que recogen las Reglas, especial atención presta la Hermandad a la celebración eucarística y a sus cultos internos.

Vieja aspiración de la institución, desde que tenía su sede en la Iglesia de San Julián, fue la celebración de la Misa dominical tras la reapertura de dicho templo, una vez adscrito a la Agrupación de cofradías de Semana Santa. No obstante y tras muchas negociaciones con el nuevo propietario y con el entonces párroco de los Santos Mártires, no pudo celebrar con la periodicidad pretendida el Día del Señor, entendiéndose, de alguna manera, que se competía con las celebraciones de la parroquia, aunque sí la apertura diaria del templo, si bien, a expensas de la propia hermandad.

Una vez trasladada a su Oratorio, la cofradía, de acuerdo con su Director espiritual y párroco de los Santos Mártires, establece anualmente un calendario de celebraciones litúrgicas, que van desde una Misa mensual coincidente con el último sábado de cada mes, con mención especial a los hermanos difuntos cuyas cenizas están depositadas en el Columbario, hasta los cultos especialmente dedicados al Santísimo Cristo de la Agonía o a la Santísima Virgen de las Penas, pasando por la Función en honor de Santo Domingo de la Calzada, la de Dedicación, la conmemorativa de la Caridad y la de apertura o cierre del ejercicio cofrade.

Es una de las más interesantes apuestas de las últimas Juntas de Gobierno, sobretodo en los últimos años, el imprimir un carácter sobrio y solemne a los actos litúrgicos, con una cuidada puesta en escena de las celebraciones, mediante la participación junto al celebrante, de un cuerpo de acólitos y monaguillos que, bajo la dirección de expertos maestros de ceremonia, acompañan y sirven de singular ayuda al sacerdote, creando la adecuada atmósfera con el objeto de invitar a prestar especial atención al acto que se desarrolla en el Altar, y que no es otro que el solemne y supremo Sacrificio de la Misa.

El cuidado de todos los detalles en las celebraciones, es algo que se trata con mimo; y teniendo en cuenta el rico ajuar litúrgico que posee la hermandad, que es utilizado en cada uno de los actos conforme al grado de solemnidad requerido, y unido al acompañamiento musical y coral, de igual modo muy cuidado en su repertorio y actuación, hacen de este tipo de celebraciones, que sea una de las señas de identidad más sobresalientes de la cofradía.

Quinario, Realeza y Misa de la Caridad

Son especialmente destacables, el Quinario dedicado al Santísimo Cristo de la Agonía y la Función principal de Instituto que lo cierra, cuya celebración se sitúa normalmente, durante la primera semana de Cuaresma; la Función dedicada a la Realeza de la Santísima Virgen con el besamanos de su devota imagen en las postrimerías de Mayo; el Tríduo dedicado a la Virgen de las Penas, en el mes de Septiembre; y la Solemnidad de Todos los Santos en la que se conmemora la dedicación del Oratorio el primero de cada Noviembre.

Tanto en el Quinario del Señor como en el Tríduo de la Virgen, se establecen jornadas dedicadas a actos penitenciales, exposición del Santísimo, rezos de vísperas, y la Sagrada Eucaristía, de tal forma y manera que haya una variedad cultual, cerrando siempre la Función Principal de Instituto tras el Quinario.

La Función Principal, reviste toda la pompa y solemnidad de la liturgia, en la que se combinan, como ya se ha dicho anteriormente, por un lado la participación del cuerpo de acólitos y monaguillos junto al sacerdote, siguiendo las pautas de ayuda y comportamiento que rigen las normas litúrgicas de la Iglesia; por otra, una escogida participación musical que, sin duda, colabora a crear el ambiente propio que invita al recogimiento y a no perder, ni un solo instante, la atención en el acto sagrado; y por otra, el protocolo de la propia cofradía, que con rigurosidad, sigue atentamente las indicaciones propias y, en el transcurso de la cual, la Hermandad colectivamente hace solemne protestación de su fe católica y apostólica.

Pero si la función que conmemora la institucionalidad corporativa, cerrando el periodo de culto dedicado al Crucificado de la Agonía, reviste esa gran solemnidad que hemos apuntado anteriormente, no eclipsa en absoluto el especialmente dedicado a la Realeza de la Santísima Virgen, que se celebra casi siempre a finales del mes de Mayo, habitualmente coincidiendo con el domingo de la Santísima Trinidad.

Y es que la Misa y posterior besamanos a la devota imagen de la Virgen de las Penas, conmemorativa de la Realeza de María, es uno de los cultos principales de la hermandad; no en vano, fue la primera cofradía en nuestra ciudad, en celebrar esta Fiesta de la Madre de Dios que la distingue como Reina de cielos y tierra, instituida por el Pontífice Pío XII, de feliz memoria, en el año 1954. Y si bien, esta fiesta de la Iglesia dedicada especialmente a la Santísima Virgen se sitúa en el calendario litúrgico el veintidós de Agosto, dentro de la octava de la Asunción, la hermandad lo sigue celebrando a finales de Mayo, como hemos apuntado, siguiendo el calendario eclesiástico anterior al Concilio Vaticano II.

Por otro lado, es igualmente destacable, sobretodo por lo novedoso de su celebración, la llamada Misa de la Caridad. Se trata de una Misa que tiene su fecha a finales de Enero, y que, instituida en las nuevas Reglas, se viene celebrando desde el año 2006 para honrar y conmemorar el patronazgo de San Julián sobre la antigua y extinta hermandad de la Santa Caridad.

Tiene su origen conmemorativo en la otrora pujante hermandad fundadora del hospital e iglesia a él dedicados y que ya celebraba la fiesta del Santo Obispo de Cuenca, cuya fiesta se celebra precisamente el veintiséis de Enero.

Nuestra hermandad, intentó agregar dicha corporación dedicada a las obras de misericordia, lo que mediante rescripto vicarial consiguió en Enero de 2006, aunque autorizando solo el uso nominal; sin embargo, unos meses después, la propia autoridad eclesiástica, desautorizó su uso aprobando, no obstante la inclusión de “hermandad de la Caridad en Cristo” en las nuevas Reglas.

Se trata pues, de una Misa que tiene una doble motivación: por un lado honrar la memoria del Santo titular de nuestra anterior sede canónica, y por otro dedicar una celebración eucarística a una de las virtudes cardinales y uno de los más firmes pilares existenciales de nuestra corporación nazarena.

Adoración Nocturna

Aunque la hermandad no posee el título de Sacramental, presta especial atención a las jornadas en que se expone el Santísimo que, como se ha expuesto anteriormente, se suele hacer sobretodo, en algunas de las jornadas del quinario o del tríduo, aunque también se expone durante el rezo de vísperas o vigilias en determinadas fiestas, como por la de la Inmaculada Concepción.

Es por ello que, como ultima aportación, la Hermandad ha recuperado el turno número veinticinco denominado “Virgen de las Penas”, que se le tenía asignado en el Consejo diocesano de Adoración Nocturna Española, después de muchos años de inactividad, habiendo tenido una respuesta muy positiva en su primer turno de vela y adoración al Santísimo, confiando en que el número inicial de adoradores nocturnos, se vea incrementado en un cercano futuro, dando así ejemplo del profundo sentimiento de Amor y Veneración al Santísimo Sacramento que ostenta la hermandad.

En resumen y a modo de conclusión. La hermandad, como uno de sus principales fines, participando activamente con la tarea evangelizadora de la Iglesia, y en constante puja por conseguir una mayor participación de sus hermanos en las tareas formativas y de culto, tiene como uno de sus fines principales, el fomento de sus cultos y participación en la Cena del Cordero.

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y María Stma. de Las Penas

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